El Partido Demócrata se quedó con el control del Senado y de la Cámara de Representantes en las elecciones de medio término de Estados Unidos, un duro revés para Donald Trump, principal aliado internacional de Javier Milei. En la Casa Rosada reconocieron que la derrota fue más amplia de lo previsto, aunque confían en que la relación bilateral no cambie.
La oposición ganó bancas incluso en distritos que eran bastiones republicanos, como Texas, que no elegía a un senador demócrata desde 1988. En los comicios estaban en juego las 435 bancas de la Cámara de Representantes, 35 de las 100 del Senado y 36 gobernaciones. El nuevo Congreso asumirá el 3 de enero y desde entonces los demócratas tendrán más herramientas para frenar la agenda de la Casa Blanca, controlar los nombramientos y abrir investigaciones sobre la gestión.
Trump buscó despegarse del resultado. “Yo no aparecía en la boleta electoral y, si hubiera aparecido, hubiéramos ganado por una victoria aplastante”, escribió en sus redes. Más tarde, en declaraciones a la prensa estadounidense, aseguró que está “absolutamente dispuesto a aceptar esos resultados” y que buscará llegar a acuerdos con la oposición. También admitió que la guerra en Irán influyó en el mal desempeño de su partido.
En el Gobierno nacional el clima fue de pesimismo. “Fue peor de lo esperado”, reconocieron en la Casa Rosada, donde no esperaban derrotas en estados históricamente republicanos. Sin embargo, en el oficialismo sostienen que el vínculo con Washington seguirá como hasta ahora, incluida una eventual ayuda financiera si fuera necesaria de cara al año electoral, y recuerdan que el presidente estadounidense puede otorgarla sin pasar por el Congreso, aunque con un límite de fondos.
El resultado llegó mientras Milei y el canciller Pablo Quirno viajaban rumbo a España. “Al principio nos va a costar políticamente lo que pasó en Estados Unidos, pero en unas semanas se va a acomodar”, admitió una fuente oficial.
