Categoría: Información General

  • El Gobierno impulsa una Ley de “Libertad Educativa” para reemplazar la Ley de Educación Nacional

    El Gobierno impulsa una Ley de “Libertad Educativa” para reemplazar la Ley de Educación Nacional

    El Gobierno presentó en el Consejo de Mayo el borrador de un proyecto de Ley de Libertad Educativa que propone derogar la Ley de Educación Nacional vigente desde 2006 y reformular por completo el sistema educativo básico (inicial, primario y secundario). La Ley de Educación Superior no sería modificada.

    La iniciativa, elaborada por la Secretaría de Educación que conduce Carlos Torrendell junto al Ministerio de Desregulación, prioriza la libertad educativa y el rol central de las familias, mientras que asigna al Estado un papel subsidiario.

    Puntos principales del proyecto

    • Home schooling habilitado: Se reconoce la educación en el hogar y modalidades alternativas como educación híbrida y a distancia, sin edad mínima. Los aprendizajes se acreditarán con exámenes periódicos.

    • Autonomía escolar ampliada: Cada escuela podrá diseñar un plan de estudios propio acorde a su ideario, manteniendo contenidos mínimos comunes nacionales.

    • Religión en la escuela pública: Las provincias podrán ofrecer enseñanza religiosa confesional optativa, fuera del horario escolar.

    • Esencialidad educativa: La educación básica será un servicio esencial, garantizando una “continuidad mínima” incluso ante medidas de fuerza.

    • Calendario por horas: Se fijan mínimos de 540 horas anuales en inicial y 720 horas en primaria y secundaria, inferiores a los acordados por el Consejo Federal en 2024.

    • Evaluaciones anuales y censales: Se mantienen y se intensifican las pruebas nacionales (Aprender), que serán anuales en último año de primaria y secundaria. Se permitirá publicar resultados por escuela sin identificar estudiantes o docentes.

    • Financiamiento y subsidios: Se elimina la meta del 6% del PBI y se reconoce igualdad entre escuelas públicas y privadas en el acceso a fondos. Se habilitan becas, vales educativos y otros instrumentos para familias y estudiantes.

    • Gobierno escolar: Se crea el consejo escolar de padres y se otorgan mayores atribuciones a los directivos, incluyendo propuestas de contratación y separación de personal.

    • Carrera docente: Se crea el Instituto Nacional de Formación y Carrera Docente, se mantiene la formación inicial de cuatro años y se incorpora una evaluación periódica obligatoria de desempeño docente.

    Alcance general

    El proyecto, de 136 artículos, redefine el sistema educativo como un conjunto de iniciativas impulsadas “por la sociedad y el Estado”, enfatiza la libertad de enseñanza, la autonomía institucional y el rol preferente de la familia, y mantiene la gratuidad de la educación obligatoriaLa Secretaría de Educación, dirigida por Carlos Torrendell, impulsa un proyecto de Ley de Libertad Educativa cuyo borrador ya se debate en el Consejo de Mayo.

    La Secretaría de Educación, dirigida por Carlos Torrendell, impulsa un proyecto de Ley de Libertad Educativa cuyo borrador ya se debate en el Consejo de Mayo.
  • Caza Ilegal en la Reserva Natural Parque del Este

    Caza Ilegal en la Reserva Natural Parque del Este

    Intento de captura ilegal de aves en el Parque del Este genera tensión y expone una práctica habitual en Baradero

    Baradero. Esta mañana, alrededor de las 10 horas, un grupo de estudiantes que realizaba una visita educativa en el Predio de la Reserva Parque del Este se topó con una escena inesperada. Mientras recorrían el sector próximo a la avenida Costanera, advirtieron la presencia de una jaula con un ave encerrada en su interior, ubicada del lado externo del alambrado perimetral.

    Ante la situación, el guardaparque guía —ex inspector de fauna— intervino de inmediato y procedió a la retención del ejemplar, tal como lo establece la normativa vigente para la protección de la fauna silvestre. Sin embargo, la acción generó un fuerte cruce con un grupo de personas que se encontraban pescando en una camioneta en las cercanías. Los individuos increparon al guardaparque reclamando la devolución del ave y alegando que el animal “era de su propiedad” y que se encontraba fuera del área natural protegida.

    La tensión aumentó hasta que el personal del servicio de Guardia Urbana – Defensa Civil llegó al lugar, labró las actas correspondientes y logró retirar el ejemplar, además de encontrar otras jaulas trampa ocultas en el sector. Todo esto ocurrió en medio de discusiones e intentos de intimidación por parte de los pescadores hacia el personal municipal.

    Fuentes consultadas señalaron que este tipo de situaciones no son aisladas. Según relataron personas vinculadas al ámbito ambiental local, es común que algunos turistas que visitan Baradero coloquen trampas o jaulas para capturar aves, las cuales luego son vendidas en el mercado negro. Estos ejemplares suelen ser destinados a coleccionistas o aficionados, lo que no solo constituye un delito, sino que también representa un serio riesgo para la salud pública y amenaza la estabilidad poblacional de las especies nativas.

    Una fuente especializada consultada por este medio afirmó que no existen medidas preventivas activas por parte de la Prefectura Naval Argentina, a pesar de que la Ley General de la Prefectura establece que este tipo de infracciones dentro del ámbito costero es de su jurisdicción exclusiva y excluyente. La falta de controles efectivos, advirtió, facilita la continuidad de estas prácticas ilegales en la zona.

    El caso vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de reforzar la vigilancia y la concientización respecto de la protección de la fauna silvestre, especialmente en áreas naturales que forman parte del patrimonio ambiental de la ciudad.

    Imagen tomada en el sector por un testigo.

    Ave captura que fue retenida por las autoridades.

  • Donde florecen las voces jóvenes: Fiesta de la Primavera 2025

    Donde florecen las voces jóvenes: Fiesta de la Primavera 2025

    Crónica por Jazmín Abdala – LS2 Baradero


    Dicen que hay recuerdos que se guardan en la piel del pueblo, como un perfume que no se va con los años.
    En Baradero, uno de esos recuerdos tiene forma de primavera.
    Basta cerrar los ojos para verla: la plaza llena, el murmullo de los adolescentes con sus remeras de colores, los carteles pintados a mano, el eco de un locutor que anuncia a cada escuela con entusiasmo, y las risas que se mezclan con la música que rebota entre los árboles.
    Era el tiempo de las carrozas, de los trajes brillantes, de las reinas, del esfuerzo de semanas resumido en una tarde de desfile y aplausos.
    La ciudad se detenía para mirar pasar la juventud, y por unas horas todo parecía más alegre, más liviano, más nuestro.


    Las viejas generaciones lo recuerdan como un ritual que marcaba el fin de la escuela secundaria.
    Había competencia, sí, pero también comunidad.
    Los barrios se sumaban, los padres ayudaban a construir las estructuras con madera, papel y alambre, los comercios donaban materiales, los abuelos se acercaban con sus mates a ver cómo avanzaba cada carroza.
    No era solo una fiesta: era una manera de sentirse parte, de dejar una huella antes de despedirse de la adolescencia.
    Y aunque cada año tenía sus particularidades, la esencia se repetía: el orgullo de representar a la escuela y el deseo de ser recordados.


    Pero el tiempo, con su manera silenciosa de transformarlo todo, fue cambiando también las primaveras.
    Las nuevas generaciones empezaron a mirar con otros ojos lo que antes se aceptaba sin cuestionar.
    A algunos les incomodaba la idea de que una sola persona —elegida por su apariencia o por criterios tan viejos como injustos— representara a todo un grupo.
    Otros sentían que el esfuerzo por construir una carroza de varios metros no siempre se correspondía con el mensaje que querían transmitir.
    El mundo cambiaba, y las juventudes, como siempre, fueron las primeras en notarlo.


    Entonces, la Fiesta de la Primavera en Baradero comenzó a transformarse.
    Sin perder su espíritu, empezó a buscar nuevas formas de expresión.
    El escenario sigue levantándose donde está el monumento a la bandera, en esa misma plaza donde el cóndor parece vigilarlo todo desde arriba.
    Las luces vuelven a encenderse, la música suena, los grupos escolares ensayan sus coreografías, los carteles se pintan con frases que invitan a pensar, y los bancos del parque se llenan otra vez de familias.
    Pero algo cambió en el centro de la escena: lo importante ya no es quién tiene la carroza más imponente, sino qué historia se quiere contar.


    No todo Baradero entendió el cambio al principio.
    Hubo voces que lo resistieron, que lo vieron como una pérdida de identidad, una renuncia a las tradiciones que habían hecho de la fiesta un símbolo local.
    “Ya no es lo mismo”, se escuchaba decir.
    Y quizás tengan razón: no es lo mismo.
    Pero tampoco lo que era antes podría seguir siéndolo ahora.
    Porque las tradiciones, cuando se congelan, dejan de hablarle a la gente que las vive.
    Y una fiesta que celebra a la juventud debe, ante todo, escuchar lo que esa juventud tiene para decir.


    Hoy, los estudiantes de quinto año son los verdaderos protagonistas del cambio.
    Ellos tomaron la posta y decidieron darle otro sentido a la celebración.
    Ya no hay coronas, porque comprendieron que la belleza no puede ser un título.
    Ya no hay premios por el tamaño de una estructura, porque entendieron que el arte también puede ser mensaje, conciencia, pregunta.
    Las carrozas siguen existiendo, claro —como parte del color, como una herencia que se resignifica—, pero ya no cuentan en el puntaje final.
    El eje está en otra parte: en lo que se comunica, en la mirada social que cada grupo propone, en el modo en que el arte se convierte en una voz colectiva.


    Quizás ese sea el mayor logro de esta nueva etapa: haber comprendido que la fiesta no se trata de competir, sino de compartir.
    De decir algo al mundo, aunque sea desde una plaza, con una canción, un baile o una performance.
    Y en ese gesto hay algo profundamente educativo: la idea de que el arte puede ser herramienta de transformación, de que las juventudes no solo celebran, sino que piensan, sienten, se comprometen.


    Claro que no es fácil cambiar algo tan arraigado.
    Las costumbres tocan fibras profundas: lo que se hacía “de toda la vida” parece intocable.
    Pero también hay una belleza en atreverse a reinventar lo conocido.
    Quizás por eso, quienes alguna vez bailaron en ese mismo suelo, quienes recuerdan la emoción de salir al escenario por primera vez, puedan entender que detrás de cada cambio hay también una continuidad.
    El espíritu de encuentro sigue intacto, solo que ahora florece de otro modo.


    La plaza, que ha visto pasar tantas generaciones, vuelve a ser el corazón de esta historia.
    Sus caminos, gastados por las ferias y los actos, vuelven a llenarse de pasos jóvenes.
    El aire huele a pintura fresca, a ansiedad, a ilusión.
    Algunos padres observan desde lejos con ternura y un poco de nostalgia.
    Reconocen gestos, risas, nervios que alguna vez también fueron suyos.
    El pueblo, por unas horas, parece detenerse otra vez.
    Porque algo mágico ocurre cuando los adolescentes ocupan el espacio público: lo transforman, lo vuelven futuro.


    En el fondo, lo que cambió no fue la fiesta, sino la mirada con la que la entendemos.
    Antes se buscaba brillar; ahora, iluminar.
    Antes se competía por destacar; ahora, por conectar.
    Y quizás eso diga más de nuestra época que cualquier desfile o carroza.
    Porque las nuevas generaciones crecieron en un mundo donde la palabra inclusión no es un discurso, sino una necesidad.
    Donde la diversidad se celebra, y donde la belleza se encuentra en la diferencia.
    Y eso también merece una fiesta.


    “Las tradiciones no mueren —escribió Eduardo Galeano—, se transforman para seguir diciendo lo mismo de otra manera.”
    En ese sentido, la Primavera de Baradero no perdió su esencia.
    Sigue siendo un rito de paso, una despedida de la adolescencia, una bienvenida a la adultez.
    Sigue siendo ese momento donde el corazón late más rápido y la garganta se aprieta antes de subir al escenario.
    Solo cambió el modo en que se cuenta la historia.
    Y en esa transformación hay un aprendizaje colectivo: el de un pueblo que aprende a mirar con otros ojos, sin renegar de lo que fue, pero dispuesto a crecer.


    Este sábado 15 de noviembre, la plaza volverá a abrir sus brazos.
    El escenario ya espera, las luces se están probando, los micrófonos suenan, los trajes descansan doblados sobre las sillas.
    Y, como cada año, habrá nervios, risas, y abrazos que quedarán guardados en la memoria.
    Porque la primavera, más que una estación, es un estado del alma.


    A quienes alguna vez fueron parte, a quienes recuerdan aquellas noches de juventud y canciones, los invitamos a volver.
    A ocupar otra vez ese espacio que alguna vez les perteneció.
    A mirar con orgullo a los chicos y chicas que hoy bailan, cantan, sueñan, defienden ideas.
    A comprender que esta nueva versión no borra la historia, sino que la continúa.
    Que la fiesta no perdió su sentido: solo cambió de forma para incluir más voces.
    Y que el verdadero espíritu de la primavera no está en la carroza ni en la corona, sino en la capacidad de renacer.


    Vuelvan a la plaza, aunque sea por un rato.
    Escuchen las canciones, miren las luces, siéntanse parte otra vez.
    Porque allí, donde el monumento a la bandera mira hacia el río, donde el cóndor parece extender sus alas sobre el pueblo, la juventud de Baradero volverá a decir presente.
    Y cada aplauso, cada mirada, cada acompañamiento de los que fueron parte alguna vez, será también una forma de agradecer.
    De entender que las fiestas, como la vida, cambian para seguir floreciendo.

    Porque hay primaveras que no necesitan flores para ser hermosas.
    Solo necesitan gente que crea en ellas.

  • EL TORITO: LA CASA DEL CAMPO ARGENTINO.

    EL TORITO: LA CASA DEL CAMPO ARGENTINO.

    Crónica por Jazmín Abdala – LS2 Baradero.

    Hay lugares que no se visitan, se recuerdan.
    Y hay recuerdos que, aunque creas perdidos, vuelven al oler el humo de una parrilla o al escuchar una zamba que suena bajito en una tarde de campo.

    El camino hacia el paraje rural de Baradero parece hecho de tiempo y de polvo. A cada curva, los eucaliptos se doblan con el viento y dejan ver, entre pastos y barrancas, la historia de una ciudad que se fundó en 1615, cuando el país aún era apenas una promesa.
    Baradero, “la Ciudad del Encuentro”, es el pueblo más antiguo de la provincia de Buenos Aires. Y entre su río y su campo, entre el murmullo del Paraná y los caminos de tierra que lo rodean, guarda un rincón que late con su propio corazón: la Pulpería El Torito.

    Dicen que en sus orígenes fue un almacén de ramos generales, levantado en 1808, cuando las carretas cargadas de granos y cueros cruzaban el antiguo Camino Real rumbo al norte. Por ese mismo sendero pasaron los granaderos del general San Martín camino a Mendoza. Años más tarde, cuando la patria apenas se escribía con tinta y valentía, fue refugio para Camila O’Gorman y su enamorado, que encontraron en este rincón del mapa un respiro entre el amor y la persecución. Mucho después,  cuentan que Ernesto “Che” Guevara se detuvo a tomar una copa en la barra de madera.

    El Torito, entonces, es más que una pulpería: es una cápsula viva del país, una esquina del tiempo donde el pasado y el presente se abrazan.

    Cuando llego, el sol cae sobre el alero y tiñe de oro las paredes de adobe. El aire huele a leña, a pasto recién cortado y a pan caliente. De fondo, una zamba suave —de esas que suenan con la melancolía justa— se mezcla con las risas del patio.
    Por un momento, cierro los ojos y vuelvo a la casa de mi abuela.
    Vuelvo a ese patio donde el humo del asado se enredaba en las enredaderas, donde mi tata giraba las brasas con una paciencia infinita mientras sonaba una zambita en la radio.
    Era la misma melodía, o al menos así la siento.
    Porque hay músicas que no pertenecen a una época, sino al alma.

    Abro los ojos y ahí está: el Torito, entero, renovado, hermoso, como si el tiempo se hubiera detenido justo antes de que la modernidad lo borrara.

    Me reciben Agostina Gisbert y Juan Pablo Patané, junto a los padres de él, Pablo Esteban Patané y Gabriela Inés Fuentes, los actuales dueños. Cuatro personas y una misma idea: devolverle al Torito la vida que nunca debió perder.

    “Nos costó, pero valió cada esfuerzo —dice Gabriela, mientras sirve un mate—. Este lugar es una parte del alma de Baradero, y verlo así, lleno otra vez, es una emoción difícil de explicar.”

    El ambiente es simple, como todo lo que realmente vale.
    Paredes gruesas, botellas de vidrio alineadas, herramientas antiguas que parecen recién bajadas del carro de un colono. En las estanterías, hay latas, frascos y fotografías en blanco y negro que murmuran historias.
    Nada está de más. Nada está por casualidad.

    El exdueño, don Peralta, lo dijo una vez con una frase que se quedó colgada en la memoria de todos:

    “El apellido Peralta nació en el Torito en 1901, con mi abuelo. Lo continuó mi padre y luego lo terminé yo.”

    Esa historia, contada al calor del fuego, parece flotar aún entre las vigas.
    Porque aunque cambien los nombres, los lugares con alma siempre conservan algo de quienes los amaron primero.

    Pablo, el suegro de Agostina, fue quien impulsó la recuperación del lugar. Nació y creció en Olavarría, una ciudad de la llanura bonaerense, atravesada por el arroyo Tapalqué y perfumada por el polvo del campo y las canteras.
    “Allá, en mi infancia, conocí almacenes como este —me cuenta—. Lugares donde la gente compraba harina y velas, pero también compartía historias, consejos, penas y alegrías. Mis abuelos tenían uno en el campo. Era el corazón del pueblo. Cuando entré por primera vez al Torito, sentí lo mismo: que las paredes guardaban conversación.”

    Lo mira con ternura su esposa, Gabriela, y asiente.
    “Fue él quien insistió —dice—. Yo no sabía en lo que nos metíamos, pero cuando vi el brillo en sus ojos, entendí que no era solo un proyecto: era una manera de volver a sus raíces.”

    Y así fue.
    La familia se propuso restaurar el edificio sin borrar su historia. Con cuidado, rescataron cada viga, cada mueble, cada detalle. Las paredes se limpiaron con paciencia, el techo se reforzó, la barra volvió a brillar bajo la luz amarillenta de las lámparas.
    Hoy, el Torito luce exactamente como debía lucir: auténtico, con olor a pasado y sabor a presente.

    Juan Pablo, el esposo de Agostina, se encarga del fuego.
    “El asado es el plato del Torito —me dice—. Es el campo argentino hecho comida. Reunión, vino, sobremesa, silencio. Todo eso es el asado.”
    Mientras acomoda las brasas, me cuenta que cada fin de semana llegan familias de distintos rincones del país. Algunos vienen a probar el chorizo criollo, otros por las empanadas, pero la mayoría, dice, llega buscando algo que no sabe nombrar: un recuerdo, una sensación, una raíz.

    “Hay gente que se sienta y llora —agrega Agostina—. Nos cuentan que sus abuelos los traían de chicos, que jugaban acá enfrente, o que venían a bailar los domingos. Otros nos dicen que conocieron a sus parejas en una peña del Torito. Este lugar tiene algo que despierta la nostalgia.”

    Y mientras escucho, lo entiendo.
    Porque mientras hablo con ellos, la tarde se convierte en dorado y el aire se llena de perfume a carne asada, a vino tinto, a pan.
    Una pareja mayor se toma de las manos en una mesa del rincón. Una mujer le cuenta a su hija cómo conoció a su padre “una noche de zamba en este mismo patio”.
    Un grupo de amigos brinda entre guitarras y anécdotas.
    Todo parece ocurrir fuera del tiempo.

    Baradero tiene esa mezcla rara de río y campo que enamora.
    Es el lugar donde el Paraná susurra historias de pescadores, y el viento del sur acaricia los trigales.
    Fue misión franciscana, fue colonia suiza, fue refugio de románticos, prófugos y soñadores.
    Es, todavía hoy, una ciudad que vive entre la memoria y la esperanza.

    El Torito, en ese mapa, es su corazón antiguo.
    Un espacio donde el campo no es postal, sino pulso.
    Donde los caballos aún dejan huellas en el barro, y el silencio de la siesta es tan espeso que se puede tocar.

    En una de las paredes, un cartel reza: “La tradición no se conserva, se vive.”
    Y ese parece ser el espíritu del lugar.
    No hay artificio, no hay marketing, no hay turismo impostado. Hay autenticidad.
    Y esa autenticidad, en tiempos de pantallas y ruido, emociona.

    Cae la noche.
    Las luces cálidas se encienden sobre el alero.
    Afuera, los grillos arman su propio concierto. Adentro, una guitarra se atreve a una zamba.
    El humo del fuego sube despacio, dibujando en el aire la misma forma que veía en casa, cuando mi tata soplaba las brasas con un fuelle viejo.
    Pienso que el fuego es un idioma sin traducción: une generaciones, une historias.
    Quizás por eso el asado no es solo comida. Es rito, pertenencia, afecto.

    Agostina me ofrece una empanada recién salida del horno de barro.
    El primer bocado me lleva a mi infancia sin escalas.
    Tiene ese gusto que no se imita: mezcla de carne, comino y ternura.
    “¿Ves? —dice Agostina—, por eso la gente vuelve. Porque el sabor de casa no se olvida.”

    Y es cierto.
    El Torito no es solo un restaurante. Es un refugio emocional.
    Un lugar donde los sabores, los olores y las historias se entrelazan.
    Donde el campo sigue siendo campo y la tradición, un acto cotidiano.

    De tanto en tanto, alguien entra, se sienta y empieza a hablar.
    Cuentan amores, infancias, partidas.
    Una mujer dice que vino con su esposo antes de casarse. Otro recuerda que su abuelo trabajó en el Camino Real.
    Las historias flotan, se cruzan, se escuchan.
    Y uno siente que no está comiendo solo, sino compartiendo un pedazo del alma colectiva de este país.

    Quizás eso explica por qué el Torito emociona tanto.
    Porque en un tiempo donde todo se acelera, este rincón obliga a frenar, a mirar, a escuchar.
    Y de pronto, la historia no es solo un dato, sino una vivencia.
    La patria, entonces, no está en los libros, sino en los lugares como este.

    Cuando salgo al patio, la luna se refleja en los charcos del camino.
    El viento trae olor a río.
    Pienso que el Torito es como una vieja canción: cambia quien la canta, pero el sentimiento es el mismo.
    San Martín, el Che, Camila O’Gorman, los Peralta, los Patané, los turistas, los vecinos, los niños que corren por el patio. Todos, de algún modo, formamos parte del mismo relato.

    Antes de irme, Pablo se queda mirando las luces del interior y dice en voz baja:

    “Yo creo que el Torito no nos pertenece. Le pertenece al tiempo. Nosotros solo lo cuidamos un rato.”

    Asiento. Porque tiene razón.
    Hay lugares que trascienden a quienes los habitan.
    El Torito es uno de ellos.

    Subo al auto y miro por el espejo retrovisor.
    Las luces del patio se van achicando entre los árboles.
    La zamba sigue sonando en mi cabeza.
    Y pienso que si alguna vez uno necesita volver a creer en lo simple —en el fuego, en la mesa, en la historia, en el amor—, solo hace falta venir hasta este rincón de Baradero.

    Porque en El Torito, el tiempo no pasa: se queda a comer.



    Créditos fotográficos y agradecimientos especiales a:

    Agostina Gisbert, Juan Pablo Patané, Pablo Esteban Patané y Gabriela Inés Fuentes.
    Gracias por abrir las puertas de El Torito, por las historias compartidas y por mantener viva la tradición.

  • CRISIS EN RÍO DE JANEIRO: EL ESTADO BRASILEÑO ENFRENTA AL COMANDO VERMELHO

    CRISIS EN RÍO DE JANEIRO: EL ESTADO BRASILEÑO ENFRENTA AL COMANDO VERMELHO

     — LS2 Baradero | 30 de octubre de 2025


    Lo más relevante sobre la situación en Río de Janeiro:

    • Los enfrentamientos entre bandas y fuerzas de seguridad aumentaron un 15% respecto al año pasado.
    • Se registraron operativos de gran escala en favelas clave con detenciones significativas.
    • El narcotráfico mantiene control territorial en varios barrios estratégicos, pese a los operativos.
    • Se intensificaron los programas sociales para reducir la influencia de las bandas entre jóvenes.
    • La violencia genera alarma internacional y desafíos para la gobernabilidad local.

    Río de Janeiro enfrenta una compleja situación de seguridad, marcada por la persistencia del narcotráfico y la violencia asociada. Las últimas semanas dejaron en evidencia que, aunque se realizan operativos intensivos, la dinámica de control territorial por parte de las bandas continúa siendo un desafío para las autoridades. La violencia afecta tanto a residentes como a visitantes, y plantea interrogantes sobre la eficacia de las estrategias implementadas.


    Contexto histórico y territorial

    La presencia del narcotráfico en Río tiene raíces profundas. Desde la década de 1980, las bandas han consolidado su control en diversas favelas, aprovechando la ausencia estatal y las desigualdades sociales. A pesar de los esfuerzos gubernamentales, los intentos de pacificación han tenido resultados mixtos, y la violencia urbana sigue siendo uno de los principales problemas de la ciudad.


    Operativos recientes y respuesta policial

     

    En los últimos meses, la policía ha desplegado unidades especiales en barrios estratégicos como Rocinha y Complexo do Alemão. Estos operativos incluyen detenciones, incautación de armas y destrucción de laboratorios de drogas. Aunque logran resultados parciales, la reacción de las bandas demuestra su capacidad de reorganización y la dificultad de mantener un control sostenido.


    Impacto social y comunitario

    El narcotráfico no solo afecta la seguridad, sino que también genera un impacto social profundo. Jóvenes sin oportunidades laborales o educativas se ven atraídos hacia las redes delictivas. Diversas ONG y programas municipales intentan ofrecer alternativas, pero la tensión entre el Estado y las comunidades sigue siendo palpable.


    Perspectivas y desafíos

    Río de Janeiro enfrenta un futuro incierto en términos de seguridad. Los expertos coinciden en que solo una combinación de políticas sociales, mejoras económicas y presencia estatal sostenida podrá reducir la influencia de las bandas. La ciudad debe equilibrar la acción policial con estrategias de inclusión social para romper el ciclo de violencia y narcotráfico.


    LS2 Baradero | 30 de octubre de 2025

  • CAMBIO ESTRUCTURAL: CÓMO LA VICTORIA DE LA LIBERTAD AVANZA REDEFINE EL MAPA POLÍTICO ARGENTINO.

    CAMBIO ESTRUCTURAL: CÓMO LA VICTORIA DE LA LIBERTAD AVANZA REDEFINE EL MAPA POLÍTICO ARGENTINO.

    Por Jazmín Abdala — LS2 Baradero | 27 de octubre de 2025


     Si tenés solo un minuto, leé esto:

    • La participación fue del 67,8%, la más baja desde 1983.
    • La Libertad Avanza se consolidó como primera minoría a nivel nacional y amplió su presencia en ambas cámaras.
    • El peronismo (Fuerza Patria) quedó segundo con aproximadamente 31,7% y mantiene 99 diputados.
    • Debutó la boleta única de papel a nivel nacional sin incidentes relevantes.
    • Más de 12 millones de electores no concurrieron a votar: el ausentismo se consolida como fenómeno político.

    El 26 de octubre de 2025 quedará marcado como una elección de doble signo: por un lado, la contundencia del resultado que catapulta al oficialismo a una posición de mayor influencia parlamentaria; por otro, la confirmación de una crisis de vínculo entre la política y gran parte de la ciudadanía, expresada en la histórica caída de la participación. Con el 67,8% del padrón asistiendo a las urnas —la cifra más baja en cuatro décadas— las lecturas no pueden limitarse a quién ganó y quién perdió: exigen un análisis de las causas, los efectos y los desafíos que derivan de este nuevo mapa político.


    Contexto: la curva descendente de la participación

    La variable participación es la que da la medida más fiel de la salud democrática. En 1983, el retorno al voto libre marcó picos superiores al 85%. En las últimas décadas, sin embargo, la tendencia fue de erosión: 2015 rondó el 80%, 2017 bajó al 77%, 2021 —en plena pandemia— cayó al 71,7% y 2023 subió al 77% por la intensidad presidencial. 2025 rompe con esa recuperación y marca un nuevo piso.

    Las causas son múltiples: crisis económica persistente, fragmentación política, desgaste de los liderazgos tradicionales y desconfianza social. A esto se suma una generación joven que se informa, milita y protesta en redes, pero que cada vez se identifica menos con las estructuras partidarias.

    Según la consultora Analogías, un 39% de los ausentes declaró haber tomado la decisión de “no votar” por no sentirse representado. Otro 22% lo hizo por descreimiento hacia el sistema en su conjunto. El ausentismo, lejos de ser apatía, se convierte así en una forma de expresión política.


    La boleta única: una modernización institucional

    Fuerte ausentismo de votantes en estas elecciones 2025.

    El debut nacional de la boleta única de papel (BUP) fue uno de los ejes técnicos de la jornada. Implementada en todo el país, simplificó la logística, redujo los votos nulos y evitó el robo de boletas. El Correo Argentino y la Cámara Nacional Electoral informaron una jornada sin incidentes relevantes en más de 17.000 escuelas y 109.000 mesas.

    Sin embargo, la reforma no logró revertir la desafección social. La boleta única resolvió un problema de procedimiento, pero no de legitimidad. En términos simbólicos, modernizar el sistema electoral no alcanza si la política sigue sin conectar con la ciudadanía.


    ¿Por qué ganó La Libertad Avanza?

    La victoria de La Libertad Avanza (LLA) responde a una combinación de factores estructurales, discursivos y de coyuntura:

    • Reconfiguración del discurso: tras meses de tensiones, el oficialismo moderó su tono y amplió su base hacia sectores de centro.
    • Alianzas territoriales: acuerdos con referentes del PRO y fuerzas provinciales fortalecieron candidaturas clave en Córdoba, Mendoza y Santa Fe.
    • Contexto económico: la desaceleración de la inflación y el regreso de reservas al Banco Central ofrecieron un clima de estabilidad que favoreció al gobierno.
    • Polarización efectiva: la campaña transformó la elección en un referéndum sobre la continuidad del modelo liberal frente al retorno peronista.

    El resultado: LLA se consolidó como primera minoría en Diputados y amplió su representación en el Senado, acercándose al tercio necesario para sostener vetos. Un triunfo con fuerte contenido político y simbólico.


    Un nuevo mapa territorial

    El oficialismo arrasó en CABA (58,3%), Córdoba (56,1%), Mendoza (54%) y Santa Fe (52,8%). La Provincia de Buenos Aires, siempre termómetro electoral, fue decisiva: con un 46% de votos, Milei logró quebrar la hegemonía peronista en el conurbano profundo.

    El peronismo retuvo su fuerza en el norte argentino (Santiago del Estero, Formosa, Chaco), pero perdió terreno en distritos urbanos y de clase media. La izquierda mantuvo presencia testimonial y las fuerzas provinciales no lograron consolidarse a nivel nacional.


    Gobernabilidad: la segunda mitad del mandato

    El oficialismo llega con fuerza, pero sin mayorías absolutas. Los próximos dos años requerirán acuerdos y pragmatismo. La gestión económica, la seguridad y la reforma laboral marcarán la agenda inmediata.

    La consolidación legislativa le permitirá a Milei avanzar con proyectos de ley que habían quedado bloqueados, aunque el margen político dependerá del apoyo coyuntural de bloques aliados y del humor social. El desafío es claro: transformar el poder electoral en capacidad de gestión.


    La oposición ante el espejo

    El peronismo enfrenta una etapa de reconstrucción profunda. El resultado electoral lo deja sin eje unificador y con tensiones internas evidentes entre sus sectores tradicionales y emergentes. Dirigentes de peso ya plantean la necesidad de una “refundación opositora” basada en nuevas formas de militancia y liderazgo colectivo.

    La oposición deberá decidir si se reconfigura como contrapeso democrático o si continúa en la lógica de fragmentación que le impidió ser alternativa. En esa definición se juega buena parte de la calidad política del nuevo ciclo.


    Ausentismo: la otra gran señal

    El verdadero mensaje de estas elecciones puede no estar en las urnas llenas, sino en las vacías. Más de 12 millones de personas no votaron. En términos históricos, se trata del nivel de ausentismo más alto en democracia.

    En los barrios del conurbano, en pueblos del interior y en sectores urbanos jóvenes, la sensación es similar: “no me representan”. Esa desafección ya no se traduce solo en abstención, sino en un nuevo tipo de ciudadanía desconectada del sistema formal, pero activa en otros espacios: redes, consumo, cultura, protesta.

    En ese contexto, la participación deja de ser solo un número y pasa a ser un indicador de legitimidad. Cuando la democracia se vacía de entusiasmo, se debilita desde adentro.


    Reflexión final

    La elección del 2025 marca un cambio estructural en la política argentina: la consolidación de un nuevo bloque dominante, la modernización parcial del sistema electoral y, al mismo tiempo, una creciente distancia entre dirigencia y sociedad.

    El desafío, más que político, es cultural. Volver a despertar interés en participar, recuperar el sentido del voto y entender que la democracia no se agota en una jornada electoral. La legitimidad no solo se mide en votos, sino en confianza.

    Argentina inicia así una nueva etapa: una donde el poder se redefine, pero también una donde el silencio del ausentismo resuena más fuerte que nunca. Escuchar ese silencio, interpretarlo y responder con hechos será, quizás, la tarea más urgente del tiempo que comienza.


    Por Jazmín Abdala — LS2 Baradero | 27 de octubre de 2025

  • “EL SILENCIO DE LAS URNAS: “RÉCORD HISTÓRICO DE AUSENTISMO EN LAS ELECCIONES 2025”.

    “EL SILENCIO DE LAS URNAS: “RÉCORD HISTÓRICO DE AUSENTISMO EN LAS ELECCIONES 2025”.

    Por Jazmín Abdala | LS2 Baradero | 26 de octubre de 2025


    Si tenés solo un minuto, leé esto:

    • La participación fue del 67,8% del padrón nacional: la más baja desde 1983.
    • Más de 12 millones de personas decidieron no votar, pese a la obligatoriedad del sufragio.
    • La nueva Boleta Única de Papel debutó sin denuncias graves y con buena aceptación.
    • Analistas advierten una crisis de representación y una desconexión creciente entre la ciudadanía y la política.

    Argentina volvió a votar este domingo, pero la noticia no estuvo en quién ganó, sino en cuántos no fueron a votar. Con una participación del 67,8% del padrón, las elecciones legislativas de 2025 registraron el nivel de concurrencia más bajo en más de cuatro décadas de democracia. El dato reaviva un debate profundo: ¿por qué cada vez más argentinos se alejan de las urnas?

    En números concretos, más de 12,2 millones de personas decidieron no participar del proceso electoral. Ni la implementación de la Boleta Única de Papel ni la tranquilidad de la jornada lograron revertir una tendencia que ya se venía viendo en las elecciones provinciales, donde en algunos distritos la participación apenas superó el 55%.


    Un descenso que ya se venía anunciando

    Desde el regreso de la democracia, la participación electoral en Argentina se había mantenido por encima del 80%. Sin embargo, la curva descendente comenzó a marcarse con fuerza en la última década. En las legislativas de 2021, votó el 71,7% del padrón; en 2023, el 74%. Este año, el 67,8% representa el piso más bajo desde 1983.

    Según la Cámara Nacional Electoral, a las 15 horas del domingo apenas el 41,7% de los empadronados había emitido su voto, frente al 51% registrado a esa misma hora en 2021. En provincias como Chaco o Jujuy, la asistencia no llegó al 60%, y en Santa Fe se ubicó cerca del 59%. Un fenómeno que ya se había repetido en elecciones locales a lo largo del año, donde el promedio nacional de participación fue del 58%.

    Los especialistas hablan de un “desgaste cívico”. El malestar económico, la pérdida del poder adquisitivo, la sensación de promesas incumplidas y la desconfianza hacia la dirigencia conforman un cóctel que erosiona el vínculo entre la política y la ciudadanía. “El ausentismo no es indiferencia, es una forma de protesta silenciosa”, explicó el politólogo Marcelo Bermolén, de la Universidad Austral. “La gente no está cansada de votar, está cansada de no ser escuchada”.


    Las nuevas formas del desencanto

    Fuerte ausentismo de votantes en estas elecciones 2025.

    La baja participación no sorprende a quienes vienen observando el clima social. Según un informe de CIPPEC y UNICEF, los jóvenes entre 16 y 25 años —que representan casi el 8% del padrón— muestran una de las tasas de participación más bajas, impulsados por una creciente desconfianza en la política tradicional. En ese rango etario, el 84% declaró estar insatisfecho con el funcionamiento de la democracia (Latinobarómetro, 2020).

    La lógica de “nada cambia” se impone. Muchos votantes perciben que su voto no tiene consecuencias reales sobre su vida cotidiana. En ese contexto, no asistir a las urnas se convierte en una respuesta política, aunque sea desde la inacción.

    Otros factores también influyen: el desdoblamiento de elecciones, la falta de liderazgos nuevos, la complejidad del escenario partidario y la fragmentación del sistema de representación. A eso se suma un cambio cultural: la inmediatez de las redes sociales, donde la expresión política se traslada al clic, al comentario, al “me gusta”, en lugar del sobre y la urna.


    Boleta única: un cambio técnico, no cultural

    Este año fue el debut nacional de la Boleta Única de Papel (BUP), una reforma que buscó simplificar el proceso electoral y garantizar transparencia. Según el Ministerio del Interior, la implementación fue exitosa y sin incidentes relevantes. Sin embargo, su impacto no se tradujo en un aumento de participación. El problema no parecía ser el instrumento, sino el vínculo entre el votante y el sistema.

    “Modernizamos el formato, pero no reconstruimos la confianza”, resumió un funcionario electoral. Y esa frase sintetiza el dilema: la desafección no es logística, es emocional. Los ciudadanos no están rechazando el mecanismo, sino la representación que sienten lejana, opaca y ajena.


    Una democracia que se enfría

    Hace cuatro décadas, en 1983, la gente hacía fila durante horas para votar. Hoy, las escuelas cierran con pasillos vacíos. El voto obligatorio ya no garantiza compromiso, y la democracia argentina atraviesa un momento de introspección: sigue en pie, pero menos viva.

    En el pasado, la participación fue un símbolo de conquista. Hoy parece volverse rutina. Esa distancia emocional entre el ciudadano y la política no se corrige con campañas ni con promesas, sino con hechos: con gestos de cercanía, con rendición de cuentas, con coherencia.


    Más que un número

    El 67,8% no es solo un porcentaje. Es una señal. Un llamado de atención que atraviesa a todo el sistema político. En tiempos de polarización, la ausencia se vuelve un dato incómodo: mientras los partidos se disputan la minoría que vota, una mayoría silenciosa se aleja sin mirar atrás.

    Ese silencio debería ser leído no como desinterés, sino como advertencia. La democracia argentina, que resistió crisis, hiperinflaciones y pandemias, enfrenta hoy un desafío distinto: la indiferencia. Y ese es, quizás, el más peligroso de todos.


    Un llamado a repensar

    Si algo dejaron claro estas elecciones es que no alcanza con votar, pero sin votar no hay futuro. La representación no se sostiene solo con urnas llenas, sino con vínculos vivos. El desafío es reconstruir la confianza, y para eso se necesita más que reformas técnicas: se necesita una narrativa nueva, capaz de volver a conectar con la esperanza.

    Las urnas hablaron, aunque en voz baja. Y lo que dijeron, sin palabras, es que la política necesita escucharse a sí misma. No para buscar culpables, sino para encontrar respuestas.


    “La democracia no se pierde de golpe. Se apaga, poco a poco, cuando la gente deja de creer que vale la pena ir a votar.”

    Por Jazmín Abdala – LS2 Baradero

  • LS2 RADIO ACOMPAÑÓ EL ACTO POR EL 215º ANIVERSARIO DE LA PREFECTURA NAVAL ARGENTINA EN BARADERO

    LS2 RADIO ACOMPAÑÓ EL ACTO POR EL 215º ANIVERSARIO DE LA PREFECTURA NAVAL ARGENTINA EN BARADERO

     
    LS2 Radio participó del acto por el 215º Aniversario de la Prefectura Naval Argentina en Baradero.
    El martes 1 de julio de 2025, LS2 Radio estuvo presente en la ceremonia oficial organizada por la Prefectura Baradero para conmemorar el 215º aniversario de la creación de la Prefectura Naval Argentina.
    El acto se realizó en las instalaciones de la Prefectura, ubicadas en Almirante Brown N° 251, y contó con la presencia de autoridades, personal de la institución y vecinos de la ciudad.
    La ceremonia comenzó con una oración a la Virgen Stella Maris, patrona de los marinos, realizada por el Padre Cristian.
    Durante el evento, se otorgaron distinciones a:
     

    • Julio Pereyra
    • Miguel Esposito

    Además, el señor Pereyra recibió una medalla de oro en reconocimiento a sus 50 años de servicio en la Prefectura Naval Argentina.
    Desde LS2 Radio acompañamos esta celebración, reafirmando nuestro compromiso con la comunidad y la difusión de los hechos relevantes para Baradero y la región.
     

     

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  • DISPOSITIVO DE ORIENTACION PARA PERSONAS CON PROBLEMAS DE CONSUMO

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    Dispositivo de Orientación para Personas con Problemas de Consumo

    Contamos con un equipo especializado que te acompaña de manera cercana y profesional.

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  • PRECAUCIONES CON LA CALEFACCION DE HOGARES EN ESTE INVIERNO

    PRECAUCIONES CON LA CALEFACCION DE HOGARES EN ESTE INVIERNO

    Mantenete seguro este invierno.
    Con la llegada del frío es importante recordar las precauciones que hay que tomar con la calefacción para cuidar a nuestros seres queridos