Categoría: Información General

  • La salud bucal, clave para el corazón, la inmunidad y el bienestar general, según la ciencia

    La salud bucal, clave para el corazón, la inmunidad y el bienestar general, según la ciencia

    Mantener una buena salud bucal no solo previene caries o problemas estéticos: también puede influir en el funcionamiento del corazón, el sistema inmunológico y la calidad de vida cotidiana. Así lo indican diversas investigaciones científicas recientes, citadas por especialistas de prestigiosas instituciones médicas.

    De acuerdo con la prostodoncista Sarah K. Lee, de la Mayo Clinic, la boca cumple un rol esencial en la salud general del organismo. No solo permite funciones básicas como alimentarse y hablar, sino que también actúa como una puerta de entrada de bacterias al cuerpo, especialmente cuando existen infecciones en dientes o encías.

    La relación entre la boca y el corazón

    Si bien la ciencia aún no ha demostrado una relación directa de causa y efecto, numerosos estudios han encontrado asociaciones entre enfermedades periodontales y afecciones cardiovasculares. Las bacterias presentes en encías inflamadas pueden ingresar al torrente sanguíneo y contribuir a procesos inflamatorios que afectan a las arterias y al corazón.

    En particular, microorganismos vinculados a la enfermedad periodontal han sido detectados en placas arteriales, lo que refuerza la hipótesis de que una mala salud bucal puede agravar el riesgo cardiovascular.

    Impacto en el sistema inmunológico

    La salud oral también está estrechamente ligada al sistema inmunológico. Las encías sanas ayudan a mantener una barrera eficaz contra infecciones, mientras que la inflamación persistente puede indicar que el sistema inmune está sobrecargado o debilitado.

    Según los especialistas, infecciones bucales crónicas pueden generar una respuesta inflamatoria constante en el organismo, lo que afecta el equilibrio general de la salud.

    Calidad de vida y bienestar diario

    Más allá de las consecuencias médicas, los problemas bucales tienen un fuerte impacto en el bienestar diario. Dolor dental, sangrado de encías o lesiones en la boca pueden dificultar acciones tan básicas como comer, hablar o relacionarse socialmente, afectando la autoestima y la vida cotidiana.

    Señales de alerta

    Los expertos recomiendan consultar al odontólogo si aparecen síntomas como:

    • Encías rojas, inflamadas o que sangran con facilidad

    • Dolor dental persistente

    • Llagas o lesiones en la boca que no cicatrizan

    Estos signos pueden ser indicios de infecciones o enfermedades que requieren tratamiento profesional.

    Hábitos recomendados

    La evidencia científica destaca que el cepillado regular, el uso de hilo dental y las visitas periódicas al dentista son fundamentales para prevenir problemas bucales. También se advierte que los enjuagues bucales cosméticos no reemplazan la limpieza mecánica de dientes y encías.

    Además, reducir el consumo de azúcares y bebidas ácidas contribuye a proteger la salud oral a largo plazo.

    Una mirada integral de la salud

    La conclusión de los especialistas es clara: la boca no está aislada del resto del cuerpo. Cuidar la salud bucal es una forma concreta de proteger el corazón, fortalecer el sistema inmunológico y mejorar el bienestar general.

    La prevención y la higiene diaria aparecen, una vez más, como herramientas simples pero fundamentales para una vida más saludable.

  • Reforma laboral: los cambios clave del proyecto que Javier Milei envió al Congreso

    Reforma laboral: los cambios clave del proyecto que Javier Milei envió al Congreso

    El presidente Javier Milei firmó este jueves el proyecto de ley que impulsa una amplia reforma laboral y que ya ingresó al Senado para su tratamiento en sesiones extraordinarias. La iniciativa, elaborada en el Consejo de Mayo y basada en los lineamientos del Pacto de Mayo, propone modificaciones profundas en el sistema de contrataciones, indemnizaciones, jornadas de trabajo, licencias y medidas sindicales.

    Según el Gobierno, el objetivo es “modernizar el mercado laboral”, reducir costos y generar condiciones más flexibles para nuevas contrataciones. Estos son los principales puntos del proyecto.

    Indemnizaciones por despidos

    El texto introduce cambios en la base de cálculo: ya no se incluirán las vacaciones, el aguinaldo, propinas ni premios. La remuneración considerada será la habitual devengada al menos seis meses del último año.

    Además, la base indemnizatoria no podrá superar tres veces el salario promedio del convenio aplicable y tendrá un piso del 67% de ese valor. En ningún caso la indemnización podrá ser menor a un mes de sueldo.

    El proyecto también crea el Fondo de Asistencia Laboral (FAL), un sistema obligatorio financiado con una contribución del 3% del salario destinado a cubrir futuras indemnizaciones. Será administrado por entidades habilitadas por la CNV y no implicará responsabilidad del Estado ante deudas del empleador.

    Banco de horas

    La reforma habilita que empleador y trabajador acuerden, de manera voluntaria y por escrito, un régimen de compensación de horas extras. Este mecanismo permitirá modificar la distribución de las horas de trabajo, siempre respetando los descansos legales: 12 horas entre jornadas y 35 horas semanales.

     

    Salarios

    Se incorpora la figura del “salario dinámico”, que podrá fijarse por tiempo trabajado o por rendimiento. Esto incluye pagos por unidad de obra, comisiones individuales o colectivas. Las remuneraciones podrán abonarse en pesos, moneda extranjera o en especie, siempre que medie acuerdo.

    Vacaciones

    El proyecto mantiene la posibilidad de fraccionar las vacaciones en períodos no menores a siete días. También se conserva el período de goce entre el 1° de octubre y el 30 de abril.

    El empleador deberá garantizar que cada trabajador pueda tomar vacaciones al menos una vez cada tres años durante la temporada de verano. Si la licencia es interrumpida por enfermedad, el empleado deberá volver al trabajo al finalizar la fecha prevista y los días no utilizados deberán reprogramarse.

    Asambleas y medidas de fuerza

    El texto limita el alcance de las asambleas, que podrán realizarse pero sin devengar salario durante su desarrollo.

    Además, tipifica como infracciones muy graves las siguientes conductas:

    • Impedir el ingreso o trabajo de quienes no adhieran a la medida de fuerza.

    • Bloquear o tomar establecimientos.

    • Provocar daños a personas o bienes de la empresa o de terceros, o retenerlos indebidamente.

  • Uno de cada ocho adolescentes presenta señales de pérdida auditiva: claves para prevenirla

    Uno de cada ocho adolescentes presenta señales de pérdida auditiva: claves para prevenirla

    Uno de cada ocho adolescentes presenta señales de pérdida auditiva: claves para prevenirla

    Un estudio realizado en más de 3.300 jóvenes de los Países Bajos reveló que 1 de cada 8 adolescentes muestra signos de pérdida auditiva al cumplir 18 años, y que un 6% ya presenta daño permanente. La principal causa: la exposición a ruidos fuertes en actividades recreativas.

    La investigación, publicada en Otolaryngology-Head and Neck Surgery, señala que incluso alteraciones leves pueden afectar la comunicación, el rendimiento escolar y aumentar la probabilidad de sordera en la adultez. Según la investigadora principal, Stefanie Reijers, estos hallazgos subrayan la importancia de monitorear y prevenir desde edades tempranas.

    Entre los factores de riesgo, se destacan:

    Auriculares y parlantes que pueden alcanzar entre 100 y 115 decibelios.

    Conciertos con niveles de 90 a 122 decibelios.

    Fuegos artificiales, motocicletas y sirenas, que pueden superar los 150 decibelios.

    El estudio también observó que quienes ya presentan pérdida de alta frecuencia a los 13 años son más propensos a un deterioro mayor a los 18.

    Enfoque formativo: qué pueden hacer familias, escuelas y adolescentes

    Controlar el volumen: Mantener dispositivos personales por debajo del 60% del máximo.

    Limitar el tiempo de exposición a fuentes de ruido intenso.

    Usar protectores auditivos en conciertos, eventos deportivos o ambientes industriales.

    Realizar chequeos auditivos periódicos, especialmente si ya hay molestias, zumbidos o dificultades para oír.

    Educar sobre riesgos acumulativos: El daño auditivo no suele ser inmediato, pero es irreversible.

    Promover hábitos auditivos seguros desde la adolescencia es clave para proteger la salud auditiva a largo plazo y prevenir problemas que pueden impactar en el aprendizaje, la comunicación y el bienestar general.

  • ARCA actualiza el régimen de IVA para ventas por plataformas digitales

    ARCA actualiza el régimen de IVA para ventas por plataformas digitales

    ARCA actualiza el régimen de IVA para ventas por plataformas digitales

    ARCA anunció una actualización del régimen de IVA que afecta a quienes venden productos o servicios a través de plataformas online como Mercado Libre. La medida busca modernizar los parámetros ante el crecimiento del comercio electrónico y brindar mayor claridad tributaria.

    Quiénes quedan alcanzados

    La norma aplica a personas que venden por Internet sin estar inscriptas como responsables de IVA, exentas/no alcanzadas, o inscriptas en Monotributo.
    Si las ventas se realizan de forma habitual, el vendedor pasa a ser considerado “sujeto no categorizado” y deberá regularizar su situación.

    Nuevos parámetros de habitualidad

    ARCA fijó nuevos límites para determinar cuándo una persona vende de forma habitual:

    Habitualidad mensual:

    10 o más operaciones

    o un monto total igual o superior a $750.000

    Habitualidad por cuatrimestre:

    4 o más operaciones por mes

    y un monto acumulado mayor a $750.000

    Bienes usados de uso personal:
    No se considera habitualidad si el total vendido es menor a $1.500.000, siempre que el vendedor lo declare previamente.

    Qué implica ser “sujeto no categorizado”

    Una vez superados los límites, desde el mes siguiente el usuario queda alcanzado por el régimen, hasta que:

    se inscriba en IVA o Monotributo, o

    deje de cumplir los parámetros de habitualidad.

    Las plataformas deberán exigir CUIT, CUIL o CDI, y mostrar en las facturas las percepciones de IVA de forma clara y discriminada.

    Cambios en las notificaciones

    ARCA reemplaza las notificaciones vía Domicilio Fiscal Electrónico por una consulta disponible en el servicio “Nuestra Parte” con clave fiscal.

    Cuándo entra en vigencia

    La Resolución General 5794/25 rige desde el 1 de diciembre de 2025, y aplica a todas las operaciones electrónicas realizadas desde esa fecha.

  • ¿Se puede sobrevivir al barrio sin volverse Pity?

    ¿Se puede sobrevivir al barrio sin volverse Pity?

    Pobreza, droga, rock y la violencia silenciosa del Estado.

    CRÓNICA ESCRITA POR JAZMÍN ABDALA – LS2 BARADERO – 30 DE NOVIEMBRE

    Estoy parada en la vereda de Lugano y el barro se pega a mis zapatillas como si no quisiera soltarme. Hay un olor espeso en el aire: humedad vieja mezclada con aceite quemado, como si todas las capas de la ciudad se hubieran derramado sobre el mismo suelo y hubieran secado ahí, sin que nadie jamás intentara limpiarlas. El viento levanta tierra fina, que raspa la garganta y arde un poco en los ojos. Y pienso que este paisaje no es nuevo, no es inventado. Ya estaba acá, mucho antes de mí, mucho antes de esta crónica. Ya lo había contado alguien que lo vivió antes que yo: Pity Álvarez.

    La primera vez que escuché una canción de él sentí algo que todavía no se me va del cuerpo. No era música linda, ni gentil, ni pensada para sonar en la radio mientras cocinás o limpiás. Era una melodía que te metía en un pasillo oscuro, que te hacía ver los cables sueltos colgando del techo, el colchón apoyado contra una pared húmeda, la sombra de un pibe corriendo con un arma envuelta en una remera. Era música que hablaba de una verdad que muchos preferían no mirar. Y cuando vine a Lugano por primera vez, entendí por qué: porque es incómodo reconocer que la Argentina que nos prometieron nunca llegó hasta este barro.

    A unos metros, dos pibitos se pasan una Bic roja y prenden un cigarrillo armado a medias. Uno mira hacia la avenida con una mezcla de alerta y costumbre; el otro sonríe con la boca apenas abierta, esa sonrisa que no llega a los ojos. Me miran, no con desconfianza, sino con la neutralidad de quien ya vio pasar a demasiada gente que nunca vuelve. Y yo pienso que si Pity estuviera vivo en este momento —vivo de verdad, no como fantasma cultural— probablemente se sentaría con ellos, les haría un chiste, les contaría una anécdota absurda, y después, sin aviso, se pondría serio y diría alguna frase que parece una locura pero que es más política que cualquier discurso del Congreso.

    El barrio está vivo y muerto al mismo tiempo. El cemento cuarteado tiene manchas que no sabés si son humedad, pis, vino o sangre vieja. Los perros callejeros duermen como si supieran que nadie los va a patear, pero tampoco los va a cuidar. Y en cada esquina hay una marca invisible: un lugar donde alguien cayó, alguien corrió, alguien se escondió. Y sí, esa violencia existe, es real, pero tiene un contexto que el país entero se esfuerza en olvidar.

    Mientras camino, recuerdo algo que me contó una vez un vecino de acá: “Acá, en los noventa, no nos llegó el uno a uno, nos llegó el uno a nadie”. Y fue así. Menem y la convertibilidad prometían estabilidad mientras privatizaban todo. Progreso, decían. Modernidad, decían. Pero en Lugano la modernidad eran los patrulleros sin frenos, los colegios sin vidrios, las casas sin laburo, los pibes sin futuro. El desempleo no era una estadística: era un padre sentado todo el día en la puerta, un tío que desaparecía en la villa, un hermano mayor que dejaba el secundario para juntar monedas en el semáforo. Todo eso estaba cuando Pity empezó a cantar. Él no fue un poeta que bajó al barro para inspirarse: él nació en él, lo respiró, lo sangró y lo devolvió convertido en música.

    Me acerco a un pasillo angosto. De adentro sale un olor ácido, mezcla de cocina improvisada y sustancias que queman más que iluminan. El piso está húmedo aunque no llueva. El aire es espeso, casi masticable. Pienso en cuántas veces escuché decir “el Pity se cagó la vida con las drogas”, como si las drogas fueran la causa y no el resultado. Como si él hubiera tenido opciones claras, limpias y prolijas. Como si no fuera obvio que un pibe sin contención, rodeado de violencia, abandono y carencias, termina buscando algo que lo saque, aunque sea por un rato, del peso insoportable de existir donde nadie espera nada de vos.

    Pity fumaba marihuana desde los 14. No porque fuera un rebelde sin causa: porque la vida le pedía anestesia. Después vinieron la cocaína, el LSD, el crack, la pasta base, la codeína, el éxtasis, el alcohol. No es glamoroso, no es rockstar: es supervivencia mal hecha, supervivencia que te come las venas y te roba las horas. Pero también es eso que sus canciones tenían: la desesperación por sentir algo que no sea frío, por frenar el ruido mental, por encontrar un lugar donde el caos de afuera no te aplaste del todo.

    Sigo caminando y me tropiezo con un charco. El barro se mete entre los dedos de las zapatillas como una lengua tibia. Y mientras intento no caerme, pienso en “Una vela”. Esa canción es casi una crónica policial, pero contada desde adentro, desde donde la policía no llega. “No te asustes por lo que te cuento, pero en mi vecindario todo esto es cierto”. No es metáfora: es geografía. Es cartografía del abandono.

    Pity hablaba de robos, peleas, traiciones, tiros. Pero también hablaba de amistad, de amor, de lealtad, de códigos que no están en ningún libro pero sostienen más que cualquier institución. Él mostraba un barrio donde la violencia no era un espectáculo televisivo, sino una materia prima que se mezcla con la vida cotidiana. Y cuando escucho esas letras acá, en esta vereda, siento que tienen un peso distinto: no son canciones, son documentos.

    En los años en que Álvarez escribía esas letras, el Estado estaba más preocupado por cerrar con el FMI y vender empresas públicas que por mirar lo que pasaba en los bordes. La pobreza se multiplicaba, la desigualdad crecía como pasto en baldío. Y cada vez que una promesa económica se rompía, acá se rompía una vida. Pero nadie lo contaba así. Hasta que apareció un flaco flaco, con ojos hundidos y voz rota, diciendo verdades que incomodaban.

    Me detengo frente a un edificio. Las paredes grises están llenas de grafitis, algunos de hace años, otros frescos. En una ventana hay un parlante viejo colgando con un cable pelado. Suena “Aunque a nadie ya le importe”. Las primeras notas se mezclan con el ruido de los colectivos pasando por la avenida. Y pienso que esta canción es una síntesis del país entero: un grito para que alguien escuche, aunque nadie escuche.

    Siento el frío que sale de los pasillos como un aliento húmedo. Y mientras tanto, recuerdo el día en que Pity mató a un hombre. Recuerdo la frase que dijo: “Cualquiera haría lo mismo”. Y aunque duele escucharlo, hay algo que, en este barrio, se entiende sin justificar. Porque la violencia no aparece de un día para el otro. Es acumulación. Es sistema fallado. Es Estado ausente. Es marginalidad convertida en destino. Y cuando tenés una vida entera rodeado de traiciones, miedo y abandono, reaccionar mal no es imposible: es casi lógico.

    Pero el país prefirió hacer de Pity un monstruo. Un monstruo útil. Un monstruo que sirve para decir “miren, esto está mal”. Pero no sirve para preguntar “¿por qué pasa esto?” o “¿quién dejó que lleguemos acá?”. Señalarlo fue más fácil que ver lo que su música venía denunciando desde hacía décadas: que los barrios marginalizados no son errores del mapa, sino decisiones políticas.

    Respiro hondo. El olor a basura quemada se mezcla con un aroma tenue de sopa casera que sale de alguna ventana. Esa mezcla de mugre y refugio es la síntesis del barrio: un lugar donde todo duele, pero donde también hay afectos que sostienen lo que el Estado no sostiene.

    Y me pregunto: ¿cuántos pibes hoy están viviendo exactamente lo mismo que vivió Pity? ¿Cuántos están consumiendo para tapar el horror o el vacío? ¿Cuántos están escribiendo canciones en cuadernos rotos, tratando de poner en palabras lo que nadie quiere escuchar? ¿Cuántos están a un paso de desaparecer, de caer presos, de pegar un tiro o recibirlo?

    Porque esa es la parte más dura: el país aprendió a romantizar al Pity pero no a escuchar a los que vienen detrás. Hablamos de él como si fuera un mito trágico, pero no miramos a los chicos que hoy están repitiendo su historia, con menos banda, menos guita y menos oportunidades. Y mientras la sociedad inventa discursos moralistas, los barrios siguen con sus calles rotas, sus casas tomadas, sus pasillos sin luz y sus pibes sin mañana.

    Me detengo, cierro los ojos y escucho. De lejos llega la música de una casa: “Nunca quise”. Y esa letra, que muchos usan como banda sonora de historias de amor, acá suena diferente. No es una canción romántica: es una canción de falta, de pérdida, de lucha entre el deseo y la supervivencia. Porque en el barro no se ama como en Palermo. En el barro se ama con miedo, con urgencia, con heridas abiertas.

    Sigo caminando y veo a un grupo de adolescentes tirados en la plaza, rodeados de botellas y risas que son más defensas que alegría. Uno tararea “Fuego”. Otro ríe, se levanta, se sacude la tierra. Y pienso en la forma en que Pity hablaba de la juventud: no como esperanza, sino como condena. Una juventud atrapada entre el sistema y la esquina. Una juventud que se quiebra rápido porque nunca tuvo cimientos.

    Y mientras miro esa escena, siento la crudeza de lo que quiero decir: en Argentina seguimos midiendo el éxito de un gobierno por el dólar, por la inflación, por los índices macroeconómicos. Pero nunca lo medimos por cuántos pibes consiguieron salir del barro, cuántos dejaron la droga, cuántos encontraron un laburo digno, cuántos volvieron del borde. Y el Pity, sin querer ser ejemplo de nada, nos gritó esa verdad con la voz rota.

    Hoy, mientras escribo esto, siento que la historia de él es la historia de miles. Una historia que no terminó en el disparo, ni en la cárcel, ni en las tapas de revistas. Una historia que se sigue repitiendo. Que sigue respirando en estos pasillos. Que sigue llorando en estos balcones. Que sigue cantando en estos parlantes rotos.

    Y pienso: si no escuchamos, si no miramos, si no intervenimos, ¿quién será el próximo Pity? ¿Cuántas voces más vamos a dejar que se pierdan en el barro? ¿Cuántos pibes van a crecer creyendo que la violencia es destino y no consecuencia?

    El barro se seca en mis zapatillas. Me doy vuelta, miro una vez más el edificio gris, las ventanas con cortinas colgando, los pibes riendo para no llorar, y siento que este lugar te habla aunque no quieras escucharlo.

    La política puede seguir diciendo que todo está bien. La sociedad puede seguir diciendo que la marginalidad es elección. Pero la verdad está acá, pegada en el asfalto, escrita en estas paredes, cantada en las letras del Pity: vivimos en un país que fabrica su propia violencia y después se horroriza por las criaturas que creó.

    Y al final, después de caminar estas cuadras y escucharlo en cada rincón, entiendo por qué Pity fue símbolo de algo más grande que él mismo. Fue símbolo de una Argentina que existe aunque muchos no la quieran ver. Una Argentina hecha de abandono, de droga como refugio, de violencia como idioma, de música como única forma de decir lo que nadie quiere escuchar.

    Si no hacemos algo, si seguimos mirando para otro lado, si seguimos criminalizando sin entender, el barro va a seguir ahí, húmedo, silencioso, esperando a que otra historia se hunda en él.

    Y la pregunta va a seguir siendo la misma:
    ¿Se puede sobrevivir al barrio sin volverse Pity?


  • ¿Nos volvimos una juventud sin revolución?

    ¿Nos volvimos una juventud sin revolución?

    Crónica por Jazmín Abdala-LS2 Baradero.


    Me senté en la mesa de la cocina todavía medio dormida, con ese frío tibio de la mañana que se cuela por las ventanas antes de que el sol termine de despertarse del todo. El mate cocido humeaba en mi taza, ese aroma dulce que me acompaña desde que soy chica, como si cada sorbo fuera una especie de memoria líquida. Y mientras esperaba que se enfriara un poco, mamá apareció caminando despacio, arrastrando las pantuflas, con ese gesto suyo entre curiosidad y reproche cariñoso que siempre me causa gracia.

    Me miró de arriba abajo, como si estuviera inspeccionando un cuadro, y me lanzó sin vueltas:

    —¿Otra vez de negro te vestiste?

    No fue una pregunta agresiva. Tampoco era crítica pura. Era ese modo que tienen las madres de señalar cosas que para uno ya son naturales, pero que para ellas siguen siendo un misterio. Me reí, porque la escena ya era repetida: yo con mis prendas oscuras, ella con la necesidad de entender por qué. Pero esta vez, no sé por qué, la pregunta me quedó resonando más que otras veces. Como si, en vez de un comentario sobre la ropa, hubiera sido la punta de un hilo que yo misma necesitaba empezar a tirar.

    Quizás porque, mientras tomaba el primer sorbo tibio, pensé en algo que venía rondándome hacía días: ¿cuándo fue que dejamos de ser una juventud rebelde? ¿En qué momento la idea de destacarse se convirtió en una especie de amenaza? Antes los jóvenes teñían su pelo de colores, usaban cadenas, remeras rotas, ropa estrafalaria simplemente porque sí, porque querían mostrar que eran distintos, porque había orgullo en lo raro. Pero ahora parece que la única regla real es no llamar demasiado la atención, no ser cringe, no exponerse más de lo necesario. No parecer desesperado por encajar, pero tampoco demasiado seguro como para romper el molde. Un equilibrio del que nadie habló y al que, sin embargo, todos nos adaptamos con una precisión casi militar.

    Le respondí a mamá cualquier cosa, para salir del paso, pero en mi cabeza ya estaba lejos, preguntándome por qué los adolescentes de hoy se visten igual, escuchan lo mismo, repiten los mismos gestos, los mismos lenguajes, los mismos códigos. Claro que cada generación tuvo sus modas, pero la repetición actual tiene algo más profundo, casi estructural. No es solo estética: es emocional, cultural, política. Y no es culpa de los chicos. Si algo aprendí —viendo cómo funcionan las redes, cómo se miden los vínculos, cómo se viraliza el miedo al ridículo— es que detrás de esa aparente uniformidad hay una tensión nueva: la necesidad de pertenecer sin dejar huella, de existir sin ser demasiado visibles, de tener identidad pero que no moleste, no incomode, no dé motivos para quedar en el centro de una broma colectiva.

    La cultura del cringe se volvió una especie de policía simbólica. Una fuerza de control suave, silenciosa, pero inexorable. Ya no hace falta que alguien te diga cómo vestirte: alcanza con imaginar el meme que podrían hacer si te animás a algo distinto. Es una mirada anónima, omnipresente, que no tiene rostro, pero igual castiga. Y lo curioso es que no viene de arriba, ni de instituciones, ni de gobiernos, ni de adultos: viene de la propia generación adolescente. Como si el mandato de la normalidad hubiera descendido de manera espontánea, producto de navegar miles de videos al día, de la comparación constante, de la inmediatez y el miedo a quedarse afuera.

    Mientras revolvía el mate cocido en la taza, pensé en cómo las expresiones juveniles históricamente fueron el termómetro de los cambios políticos. La ropa, la música, la estética, los espacios de encuentro siempre anticiparon transformaciones más grandes: los hippies y la contracultura, el punk y el rechazo a las instituciones, el rock nacional con su necesidad de decir lo que no se podía decir, los pibes de los noventa tirando abajo viejas solemnidades. Siempre hubo una forma de gritar “no” incluso cuando no se podía gritar. Pero ahora parece que el grito se disolvió antes de nacer. No porque no haya problemas —sobran—, sino porque la respuesta general no es la revuelta, sino el agotamiento. No es la organización, sino la indiferencia. No es el estallido, sino el scroll.

    Tal vez por eso las políticas actuales —sean del signo que sean— parecen convivir con una juventud que no termina de creer que pueda cambiar algo. No es que no haya interés político: lo hay, y mucho. Pero está atravesado por una sensación de desencanto que se volvió parte del aire que respiramos. Una mezcla rara entre hiperconexión y apatía, entre información ilimitada y escasa capacidad para imaginar algo verdaderamente distinto. De algún modo, ese minimalismo estético que domina todo —la ropa neutra, los cuartos beige, las fotos filtradas, la obsesión con la sutileza— se parece demasiado al minimalismo emocional y político con el que transitamos la vida pública: no arriesgamos, no exageramos, no mostramos demasiado. Buscamos estabilidad incluso cuando somos jóvenes, que es justamente la etapa donde históricamente menos se buscó estabilidad.

    Quizás mamá, sin querer, con esa pregunta inocente sobre mis prendas negras, tocó algo que yo misma venía intentando evitar: admitir que, de alguna forma, también me mimetizo con ese deseo de no llamar la atención. Que a veces me he contenido de decir algo por temor al juicio colectivo. Que en más de una ocasión he preferido el silencio por sobre una opinión impopular. Que he dejado de hacer cosas que me gustaban porque me daban vergüenza. Y no soy la única. Lo escucho entre amigos, entre compañeros de facultad, incluso entre adolescentes que entrevisto para notas: la espontaneidad se volvió un lujo, la rareza una amenaza, la autenticidad un riesgo.

    Sin embargo, tampoco quiero caer en la mirada romántica de “todo tiempo pasado fue mejor”. No se trata de idealizar la rebeldía anterior ni de negar las razones por las cuales hoy cuesta tanto salir del molde. Esta época tiene sus propias batallas, más complejas, más invisibles: la ansiedad, la saturación de estímulos, la presión por construir una identidad coherente ante miles de ojos, la dificultad para organizarse en un contexto donde todo se fragmenta. Quizás la revolución de hoy no sea estética, ni ruidosa, ni masiva. Tal vez esté en lo pequeño: en el acto íntimo de permitirnos sentir, de decir lo que pensamos sin miedo, de romper con esa homogeneización que parece venir envuelta en celofán digital.

    Terminando mi mate cocido ya frío, me di cuenta de que la pregunta de mamá había sido mucho más que una anécdota doméstica. Había sido una excusa para preguntarme, en serio, si seguimos siendo capaces de rebelarnos. Si realmente nos volvimos una juventud sin revolución o si estamos apenas en un momento de transición, esperando encontrar nuevas maneras de incomodar al mundo. Porque la rebeldía no desaparece: muta. Cambia de piel. A veces se esconde para después salir más fuerte.

    Entonces me quedé mirando mi ropa oscura, la mesa tibia, el vapor que ya no salía de la taza, y pensé que tal vez la verdadera revolución empiece por algo tan simple como preguntarnos esto: ¿cuánto de lo que hacemos lo elegimos de verdad y cuánto lo hacemos por miedo a que nos tilden de cringe?

    Y, en el fondo, ¿qué clase de futuro construimos si incluso la rebeldía nos da vergüenza?


    Crónica por Jazmín Abdala-LS2 Baradero.

  • Fiesta de la Primavera 2025: donde Baradero volvió a sentirse joven.

    Fiesta de la Primavera 2025: donde Baradero volvió a sentirse joven.

     Crónica por Jazmín Abdala – LS2 Baradero

    SI TENÉS SOLO 1 MINUTO, LEE ESTO.

    La Fiesta de la Primavera volvió a iluminar la Plaza Mitre: colores, ritmos y una energía juvenil que contagió a toda la ciudad. Los jardines, las primarias y los grupos de 5º año llenaron el escenario de creatividad; Milena Escobar (Instituto San José) ganó Talentos y la Escuela Marcos Sastre se consagró en Baile. Más que premios, la noche fue una celebración colectiva: todos se animaron, todos brillaron.


    La plaza Mitre se despertó temprano ese viernes. Aunque las actividades empezarían recién por la tarde, desde la mañana ya había algo vibrando en el aire: un rumor de voces jóvenes, un eco de ensayos lejanos, una alegría que parecía querer anticiparse. No era un día más para Baradero. Era la Fiesta de la Primavera, esa tradición que, generación tras generación, fue marcando recuerdos, fotos familiares, primeras coreografías, nervios compartidos y sueños que alguna vez todos tuvimos.


    Volver a ser parte de este evento —esta vez como conductora por segunda vez— me movió cosas que no sabía que seguían ahí adentro. Llegué a la plaza con el mismo nudo que tuve la primera vez, el año pasado. Esa duda chiquita que te pregunta si vas a estar a la altura, si vas a honrar el escenario, si vas a poder sostener la emoción de tantos chicos que esperan este día desde que empiezan la secundaria. Pero también llegué con el abrazo cálido de un equipo que empuja siempre para adelante: el Municipio de Baradero, Cultura, los técnicos, los profes, la gente que arma estructuras, que cuida detalles y que hace que este evento exista. Y llegué, sobre todo, sabiendo que no estaba sola: que iba a compartir la conducción con Lourdes Gerez y Talia Grassi, dos mujeres generosas, talentosas y compañeras que hacen que el escenario sea un lugar más amable.

     


    Aun así, cuando empecé a ver cómo la gente llegaba, cómo se acomodaban las familias con reposeras, cómo los chicos se preparaban atrás del escenario y cómo el sol empezaba a inclinarse detrás de los árboles, no pude evitarlo: me emocioné. Lagrimeé. Y tuve que respirar hondo y recordar que, a veces, emocionarse es también una forma de “estar a la altura”.


    Porque esta fiesta no es solamente una competencia. Es una especie de espejo emocional donde cada generación vuelve a encontrarse con lo que alguna vez quiso ser. No hay adulto que mire a los chicos sin recordar su propia adolescencia. No hay joven que suba al escenario sin sentir que está viviendo algo que va a guardar para siempre.


    Cuando los primeros jardines salieron a escena, la plaza se transformó. No sé si alguna vez viste a un grupo de nenes vestidos de capybaras bailando sin ninguna conciencia de lo adorables que son. Hay algo en ellos que recuerda lo esencial: la libertad de bailar sin miedo al ridículo, sin cálculo, sin expectativa. Los miré desde un costado y pensé en cuántas veces olvidamos que la alegría es un movimiento del cuerpo antes que un pensamiento.


    Las escuelas primarias llegaron después, con esa mezcla perfecta entre inocencia y osadía. Ese momento de la vida en el que ya no se es pequeño, pero tampoco se es grande; donde cada coreografía es una declaración tímida de identidad. Se los veía ansiosos, mirando todo, reconociendo el escenario como un espacio nuevo que algún día será suyo de manera más profunda. Los observé mientras anunciábamos a cada institución, y sentí algo hermoso: muchos de ellos vinieron a ver quiénes pueden ser cuando lleguen a la secundaria. Es como si esta fiesta no fuera sólo un evento, sino un faro. Un anticipo. Una promesa.


    Y entonces llegaron ellos: los chicos de 5º año.


    El corazón de la fiesta. El alma. La etapa que todos esperamos alguna vez para mostrar lo que somos capaces de hacer.


    Cuando las luces se encendieron y empezó la música, el escenario explotó en ritmo, colores, historias, creatividad, fuerza. Las coreografías estaban llenas de técnica, sí, pero también de pasión. De ese fuego que solo aparece cuando se entiende que esa noche es única y que no se repetirá jamás. Porque por más que la fiesta vuelva todos los años, para ellos es la última vez como estudiantes. El cierre de un ciclo que marca, con claridad, el comienzo de otro.


    Y ahí, en medio de esa energía tan grande, pasó algo inesperado: bailamos. Las conductoras, los profes, la gente atrás del escenario… No sé en qué momento empezó, pero recuerdo mirarme con Lourdes y Talia y soltar una risa que fue casi infantil. Una risa que no estaba planeada, que salió por pura alegría, por pura emoción. Por un instante volvimos a tener 5 años, 10 o 12. Por un instante volvimos a ser esos chicos que alguna vez soñaron con estar arriba del escenario. O con animarse un poco más. O con que la vida fuera siempre así: luminosa, vibrante, colectiva.


    Cuando llegó la hora de anunciar a los ganadores, ya pasada la 1:00 AM, la plaza seguía llena. Las familias se abrigaban un poco, pero nadie se iba. Todos querían quedarse hasta el final, como si irse fuese cortar un momento que todavía necesitaba ser respirado un rato más.


    La ganadora del Concurso de Talentos fue Milena Escobar, representante del Instituto San José, que había logrado una presentación que dejó sin palabras a más de uno. En el Concurso de Baile, la victoria fue para la Escuela Marcos Sastre, seguida por la Escuela Ana María Ares de Alsina en el segundo puesto y la Escuela Industrial en el tercero. Los jardines y escuelas primarias también recibieron subsidios, reconociendo un trabajo que muchas veces empieza meses antes y que involucra a docentes, familias y estudiantes por igual.


    Pero más allá de los resultados —importantes, sí, pero nunca lo único—, hubo algo que quedó grabado: esa noche, todos ganaron.


    Ganar no es solo obtener un primer puesto. Ganar es animarse. Es subir al escenario después de semanas de ensayo. Es equivocarse en un paso y volver a levantarse. Es sentir que tus compañeros te abrazan al bajar. Es ver a tus padres emocionados. Es percibir en la grada la aprobación de una ciudad que acompaña. Ganar es saber que, aunque la vida siga, ese recuerdo te acompañará siempre.


    Ganar fue también ver a quienes recién arrancan el camino: los pequeños de los jardines vestidos de capybara, los de la primaria dando sus primeros pasos hacia la adolescencia, y los de 5º año que se pararon frente al público como quienes están a punto de abrir una puerta hacia otra etapa. En cada presentación se percibía una posibilidad: aquello que cada niño y cada niña pudo por un momento imaginar como su futuro.


    Cuando el escenario quedó en silencio y las luces comenzaron a apagarse, me quedé unos segundos inmóvil. Miré hacia el Cóndor, ese testigo inmóvil que ve pasar las generaciones, y respiré hondo. Pensé en lo que esta fiesta significa: un lugar donde la ciudad se reconoce, donde se comparte, donde se contienen los nervios y se celebran los logros. Donde, por unas horas, todos volvemos a sentirnos parte de algo mayor.


    Como escribió Mario Benedetti: “De vez en cuando hay que hacer una pausa para contemplarnos a nosotros mismos: para ver si somos de verdad, los que creemos ser.”


    Esa pausa ocurrió esa noche. Entre luces, colores y risas, entre pasos torpes y grandes aciertos, Baradero se permitió mirarse. Y al ver a sus jóvenes brillar, confirmó que sigue siendo una ciudad que cree en sus hijos y en su futuro.


    Somos eso que soñamos. Somos eso que acompañamos. Somos eso que, cada primavera, vuelve a florecer.


    Crónica por Jazmín Abdala — LS2 Baradero

  • Preingreso al CBC hasta el 28 de noviembre

    Preingreso al CBC hasta el 28 de noviembre

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    La Universidad de Buenos Aires informó que continúa habilitado el preingreso al Ciclo Básico Común (CBC) para el próximo ciclo lectivo.
    El trámite podrá realizarse hasta el 28 de noviembre, exclusivamente a través de la página oficial: www.cbc.uba.ar.
    Quienes inicien este proceso deberán completar el formulario online y seguir las indicaciones que la plataforma vaya ofreciendo, a fin de validar correctamente sus datos personales y la documentación solicitada.
    Desde la UBA recordaron la importancia de realizar el preingreso dentro del plazo establecido para garantizar la continuidad del proceso de inscripción.
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  • Microplásticos y salud cardiovascular: qué revela un nuevo estudio y dónde se encuentran estas partículas en la vida diaria

    Microplásticos y salud cardiovascular: qué revela un nuevo estudio y dónde se encuentran estas partículas en la vida diaria

    La contaminación por microplásticos —pequeños fragmentos de plástico menores a 5 milímetros— se ha convertido en un problema ambiental y sanitario global. Su presencia ya fue detectada en el agua, los alimentos y hasta en tejidos humanos, lo que evidencia que estas partículas pueden ingresar y permanecer en el organismo. Un estudio reciente realizado por científicos de la Universidad de California, Riverside, aporta nuevas pruebas sobre su posible impacto en el sistema cardiovascular y revela diferencias importantes entre hombres y mujeres.

    Efectos en las arterias: daños diferentes según el sexo biológico

    El trabajo, publicado en la revista Environment International, analizó el efecto de la exposición oral a microplásticos en ratones modificados para desarrollar aterosclerosis, una enfermedad caracterizada por la acumulación de grasas y sustancias en las arterias.

    Los resultados mostraron que:

    • Los ratones macho expuestos a microplásticos presentaron hasta un 63% más de daño en la raíz aórtica —zona cercana al corazón— y más de seis veces más lesión en la arteria braquiocefálica.

    • Las hembras, bajo las mismas condiciones, no desarrollaron un aumento significativo de placas, lo que sugiere que existen mecanismos biológicos dependientes del sexo que modulan la respuesta del sistema cardiovascular a estos contaminantes.

    • Los efectos se observaron sin cambios en el peso ni en los niveles de colesterol, lo que indica que el daño arterial no estaría vinculado a los factores metabólicos tradicionales.

    Además, los investigadores identificaron cambios celulares relevantes: activación de genes proinflamatorios en células endoteliales (las que recubren el interior de los vasos sanguíneos), aumento de macrófagos —células del sistema inmune asociadas a la inflamación— y disminución de linfocitos B y T, elementos clave para la defensa del organismo.

    Cómo llegan los microplastics al cuerpo humano

    Una característica preocupante de los microplásticos es su capacidad para acumularse en los órganos, incluidos los vasos sanguíneos. Esto abre la puerta a efectos sostenidos en el tiempo. Pero ¿por dónde ingresan?

    Los seres humanos pueden ingerir microplásticos a través de múltiples vías:

    1. Agua potable y agua embotellada

    • Se han detectado microplásticos en agua de grifo, especialmente en zonas con problemas en los sistemas de filtrado.

    • Las botellas plásticas liberan partículas durante su uso y almacenamiento, por lo que también representan una fuente de exposición.

    2. Alimentos de consumo cotidiano

    Los microplásticos se encuentran en:

    • Pescados y mariscos, especialmente especies filtradoras.

    • Sal de mesa, proveniente de mares contaminados.

    • Frutas y verduras, que pueden absorber partículas presentes en suelos o aguas de riego.

    • Miel y azúcar, que han mostrado niveles medibles en varios estudios.

    3. Alimentos ultraprocesados

    Los envases plásticos y los procesos industriales aumentan la probabilidad de contaminación. Este tipo de alimentos es señalado por especialistas como una fuente creciente de microplásticos.

    4. Envases y utensilios plásticos

    • Recipientes utilizados para almacenar, calentar o transportar alimentos pueden liberar microplásticos y nanoplásticos, especialmente al combinarse con calor o fricción.

    • Bolsas y films plásticos utilizados en comercios y hogares también aportan partículas microscópicas.

    5. Aire interior y exterior

    Aunque en menor proporción que la vía oral, la inhalación de microplásticos en fibras textiles sintéticas o polvos ambientales también contribuye a su acumulación en el organismo.

    Qué implica el nuevo estudio para la salud humana

    Los hallazgos con modelos animales coinciden con investigaciones que ya detectaron microplásticos en arterias y tejidos humanos, lo que refuerza la sospecha de que estas partículas pueden participar en el desarrollo de enfermedades cardiovasculares.

    Los autores destacan que los daños observados ocurrieron incluso con una dosis considerada ambientalmente relevante, lo que subraya la necesidad de evaluar la exposición real en poblaciones humanas.

    Además, el estudio plantea interrogantes clave:

    • ¿Por qué los machos presentan un impacto mayor?

    • ¿Qué papel juegan las hormonas y los cromosomas sexuales en la respuesta a estos contaminantes?

    • ¿Los efectos observados en ratones se replican en humanos?

    Responder estas preguntas será esencial para definir políticas de salud pública y estrategias de prevención.

    Cómo reducir la exposición a microplásticos

    Aunque es prácticamente imposible evitarlos por completo, los expertos recomiendan:

    • Limitar el uso de envases y botellas plásticas, especialmente para bebidas calientes o alimentos grasos.

    • Evitar los ultraprocesados y priorizar alimentos frescos cocinados en casa.

    • Usar recipientes de vidrio o acero inoxidable para almacenar y calentar comida.

    • Reducir el consumo de plásticos descartables.

    • Mantener un estilo de vida saludable para proteger el sistema cardiovascular.

  • Alerta mundial por el aumento de alimentos ultraprocesados y sus riesgos para la salud

    Alerta mundial por el aumento de alimentos ultraprocesados y sus riesgos para la salud

    Una serie de artículos publicada en The Lancet advierte sobre el crecimiento sostenido del consumo de alimentos ultraprocesados (AUP) y su impacto en la salud global. El trabajo, elaborado por 43 científicos, revela que estos productos ya ocupan un lugar sin precedentes en la dieta mundial y están vinculados a un mayor riesgo de obesidad, diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares, depresión y mortalidad prematura.

    Según la clasificación NOVA, los AUP son productos elaborados a partir de sustancias industriales como aceites hidrogenados, jarabes y aditivos. Los estudios muestran que su consumo desplazó comidas tradicionales y alimentos frescos: en los últimos 30 años, su aporte calórico pasó del 11% al 32% en España, del 10% al 23% en México y Brasil, y supera el 50% en países como Estados Unidos y Reino Unido.

    La evidencia recopilada es contundente: las dietas ricas en ultraprocesados aumentan un 25% el riesgo de diabetes tipo 2, un 21% el de sobrepeso u obesidad y un 18% la mortalidad total y cardiovascular.

    Los expertos reclaman políticas públicas más estrictas, incluyendo etiquetado frontal con indicadores de AUP, restricciones de comercialización, impuestos y programas que favorezcan el acceso a alimentos frescos. Como ejemplo, se destaca el plan alimentario escolar de Brasil, que apunta a que el 90% de los insumos provengan de alimentos no ultraprocesados para 2026.

    La serie también denuncia la fuerte influencia de la industria alimentaria en la expansión de estos productos, mediante lobby, marketing y generación de evidencia favorable. Las corporaciones del sector mueven un mercado de 1,9 billones de dólares anuales, lo que les permite intervenir en debates regulatorios y frenar políticas de salud pública.

    Los investigadores llaman a una respuesta global coordinada, comparable a la aplicada contra la industria tabacalera, para reducir el poder de las corporaciones y garantizar sistemas alimentarios más saludables, accesibles y sostenibles.

    Fuente: Camila Caruso –  Infobae