Categoría: Actualidad

  • EL ARSÉNICO, UN METALOIDE QUE ESTÁ NATURALMENTE EN EL SUELO ARGENTINO, CONTAMINA LAS NAPAS Y LLEGA AL AGUA QUE TOMAN MILLONES DE PERSONAS.

    EL ARSÉNICO, UN METALOIDE QUE ESTÁ NATURALMENTE EN EL SUELO ARGENTINO, CONTAMINA LAS NAPAS Y LLEGA AL AGUA QUE TOMAN MILLONES DE PERSONAS.

     


    SI TENÉS SOLO 1 MINUTO, LEE ESTO.

    El arsénico, un metaloide que está naturalmente en el suelo argentino, contamina las napas y llega al agua que toman millones de personas. No se ve, no tiene olor ni sabor y, a largo plazo, puede generar lesiones en la piel, enfermedades cardíacas y varios tipos de cáncer. Mientras la OMS recomienda un límite de 10 ppb, Argentina todavía permite hasta 50 ppb. En muchas ciudades los valores superan lo seguro. La exposición es silenciosa, pero sus consecuencias no.


    La preocupación por el agua volvió a despertar en la región. Como una sombra que aparece de a ratos, el tema del arsénico regresa cada vez que un estudio, un mapa o un análisis de laboratorio recuerda lo que muchos sospechan: que lo que sale de la canilla no siempre es tan inocente como parece. El agua es clara, fresca, aparentemente perfecta. Pero en Argentina —y especialmente en el norte y centro del país— hay historias que se escriben en silencio, gota a gota.


    El arsénico no es nuevo en nuestro territorio. Está desde antes de que existiéramos como pueblos. Desde antes de que hubiera ciudades, rutas o pozos. Su origen está en la corteza terrestre, impulsado por procesos geológicos milenarios. Forma parte de las napas profundas y, como un visitante que nadie invitó pero que nunca se fue, asciende y se mezcla con el agua que consumimos todos los días.


    ## ¿Qué es el arsénico?

    El arsénico es un metaloide natural presente en rocas y sedimentos. En el agua aparece principalmente en forma inorgánica, la más tóxica. Y tiene una peculiaridad inquietante: no se huele, no se ve, no se siente. No avisa.


    ## ¿Cómo afecta al cuerpo?

    Entra por la boca, pero actúa despacio. No provoca síntomas inmediatos. Es un enemigo paciente.

    Con los años, la exposición puede generar:

    – Manchas, engrosamiento o lesiones en la piel.
    – Tos crónica, alteraciones respiratorias.
    – Problemas cardiovasculares.
    – Fibrosis pulmonar.
    – En niños y bebés: daños más rápidos y severos.
    – Y lo más grave: cáncer de piel, pulmón, vejiga y laringe.

    A este cuadro se lo conoce como HACRE (Hidroarsenicismo Crónico Regional Endémico), una enfermedad que ha marcado a varias generaciones.


    #

    # Niveles permitidos: OMS vs Argentina

     

    – **OMS:** máximo seguro → 10 ppb (µg/L)
    – **EPA (EE.UU.):** también 10 ppb
    – **Norma Argentina:** hasta todavía se considera aceptable
    (cinco veces más que lo recomendado internacionalmente)

    El ITBA, en su mapa nacional, clasifica así:

     

    – **0–10 ppb (Verde):** agua segura
    – **10–50 ppb (Amarillo):** es necesario controlar
    – **Más de 50 ppb (Rojo):** no apta para consumo ni para cocinar


    Mientras el mundo avanza hacia estándares más estrictos, Argentina sigue sosteniendo un límite más alto que el recomendado.


    ## ¿Dónde ocurre y por qué?

    No es una contaminación industrial. Es natural. Está en la tierra. Y por eso es tan difícil de eliminar.

    Las regiones más expuestas son:

    – Buenos Aires (especialmente el corredor de la Ruta 5 y zonas rurales)

     

    – Sur de Santa Fe
    – Sur de Córdoba
    – Santiago del Estero
    – La Pampa
    – Chaco
    – Salta y Tucumán

     


    Más de 4 millones de personas podrían estar consumiendo niveles superiores a los recomendados.

     


    ## Las consecuencias silenciosas

    El arsénico no se evapora. No se destruye al hervir. No “se va” con el tiempo.

    Lo que sí hace es quedarse en el cuerpo, en la piel, en la sangre. Se acumula. Y después de años, empieza a hablar:

    – en manchas
    – en dificultades respiratorias
    – en diagnósticos que llegan cuando ya es tarde
    – en familias enteras que nunca supieron que el problema estaba en la canilla


    Mirar un mapa no alcanza. Tampoco alcanza con que el agua sea clara. La verdadera seguridad se esconde en números microscópicos, en laboratorios, en políticas públicas que deben actualizarse, y en información que muchas veces llega tarde.

    Porque el arsénico no grita. Sus síntomas no aparecen en un día. Pero una vez que empieza su camino en el cuerpo, deja huellas que no siempre se pueden borrar.

  • Fiesta de la Primavera 2025: donde Baradero volvió a sentirse joven.

    Fiesta de la Primavera 2025: donde Baradero volvió a sentirse joven.

     Crónica por Jazmín Abdala – LS2 Baradero

    SI TENÉS SOLO 1 MINUTO, LEE ESTO.

    La Fiesta de la Primavera volvió a iluminar la Plaza Mitre: colores, ritmos y una energía juvenil que contagió a toda la ciudad. Los jardines, las primarias y los grupos de 5º año llenaron el escenario de creatividad; Milena Escobar (Instituto San José) ganó Talentos y la Escuela Marcos Sastre se consagró en Baile. Más que premios, la noche fue una celebración colectiva: todos se animaron, todos brillaron.


    La plaza Mitre se despertó temprano ese viernes. Aunque las actividades empezarían recién por la tarde, desde la mañana ya había algo vibrando en el aire: un rumor de voces jóvenes, un eco de ensayos lejanos, una alegría que parecía querer anticiparse. No era un día más para Baradero. Era la Fiesta de la Primavera, esa tradición que, generación tras generación, fue marcando recuerdos, fotos familiares, primeras coreografías, nervios compartidos y sueños que alguna vez todos tuvimos.


    Volver a ser parte de este evento —esta vez como conductora por segunda vez— me movió cosas que no sabía que seguían ahí adentro. Llegué a la plaza con el mismo nudo que tuve la primera vez, el año pasado. Esa duda chiquita que te pregunta si vas a estar a la altura, si vas a honrar el escenario, si vas a poder sostener la emoción de tantos chicos que esperan este día desde que empiezan la secundaria. Pero también llegué con el abrazo cálido de un equipo que empuja siempre para adelante: el Municipio de Baradero, Cultura, los técnicos, los profes, la gente que arma estructuras, que cuida detalles y que hace que este evento exista. Y llegué, sobre todo, sabiendo que no estaba sola: que iba a compartir la conducción con Lourdes Gerez y Talia Grassi, dos mujeres generosas, talentosas y compañeras que hacen que el escenario sea un lugar más amable.

     


    Aun así, cuando empecé a ver cómo la gente llegaba, cómo se acomodaban las familias con reposeras, cómo los chicos se preparaban atrás del escenario y cómo el sol empezaba a inclinarse detrás de los árboles, no pude evitarlo: me emocioné. Lagrimeé. Y tuve que respirar hondo y recordar que, a veces, emocionarse es también una forma de “estar a la altura”.


    Porque esta fiesta no es solamente una competencia. Es una especie de espejo emocional donde cada generación vuelve a encontrarse con lo que alguna vez quiso ser. No hay adulto que mire a los chicos sin recordar su propia adolescencia. No hay joven que suba al escenario sin sentir que está viviendo algo que va a guardar para siempre.


    Cuando los primeros jardines salieron a escena, la plaza se transformó. No sé si alguna vez viste a un grupo de nenes vestidos de capybaras bailando sin ninguna conciencia de lo adorables que son. Hay algo en ellos que recuerda lo esencial: la libertad de bailar sin miedo al ridículo, sin cálculo, sin expectativa. Los miré desde un costado y pensé en cuántas veces olvidamos que la alegría es un movimiento del cuerpo antes que un pensamiento.


    Las escuelas primarias llegaron después, con esa mezcla perfecta entre inocencia y osadía. Ese momento de la vida en el que ya no se es pequeño, pero tampoco se es grande; donde cada coreografía es una declaración tímida de identidad. Se los veía ansiosos, mirando todo, reconociendo el escenario como un espacio nuevo que algún día será suyo de manera más profunda. Los observé mientras anunciábamos a cada institución, y sentí algo hermoso: muchos de ellos vinieron a ver quiénes pueden ser cuando lleguen a la secundaria. Es como si esta fiesta no fuera sólo un evento, sino un faro. Un anticipo. Una promesa.


    Y entonces llegaron ellos: los chicos de 5º año.


    El corazón de la fiesta. El alma. La etapa que todos esperamos alguna vez para mostrar lo que somos capaces de hacer.


    Cuando las luces se encendieron y empezó la música, el escenario explotó en ritmo, colores, historias, creatividad, fuerza. Las coreografías estaban llenas de técnica, sí, pero también de pasión. De ese fuego que solo aparece cuando se entiende que esa noche es única y que no se repetirá jamás. Porque por más que la fiesta vuelva todos los años, para ellos es la última vez como estudiantes. El cierre de un ciclo que marca, con claridad, el comienzo de otro.


    Y ahí, en medio de esa energía tan grande, pasó algo inesperado: bailamos. Las conductoras, los profes, la gente atrás del escenario… No sé en qué momento empezó, pero recuerdo mirarme con Lourdes y Talia y soltar una risa que fue casi infantil. Una risa que no estaba planeada, que salió por pura alegría, por pura emoción. Por un instante volvimos a tener 5 años, 10 o 12. Por un instante volvimos a ser esos chicos que alguna vez soñaron con estar arriba del escenario. O con animarse un poco más. O con que la vida fuera siempre así: luminosa, vibrante, colectiva.


    Cuando llegó la hora de anunciar a los ganadores, ya pasada la 1:00 AM, la plaza seguía llena. Las familias se abrigaban un poco, pero nadie se iba. Todos querían quedarse hasta el final, como si irse fuese cortar un momento que todavía necesitaba ser respirado un rato más.


    La ganadora del Concurso de Talentos fue Milena Escobar, representante del Instituto San José, que había logrado una presentación que dejó sin palabras a más de uno. En el Concurso de Baile, la victoria fue para la Escuela Marcos Sastre, seguida por la Escuela Ana María Ares de Alsina en el segundo puesto y la Escuela Industrial en el tercero. Los jardines y escuelas primarias también recibieron subsidios, reconociendo un trabajo que muchas veces empieza meses antes y que involucra a docentes, familias y estudiantes por igual.


    Pero más allá de los resultados —importantes, sí, pero nunca lo único—, hubo algo que quedó grabado: esa noche, todos ganaron.


    Ganar no es solo obtener un primer puesto. Ganar es animarse. Es subir al escenario después de semanas de ensayo. Es equivocarse en un paso y volver a levantarse. Es sentir que tus compañeros te abrazan al bajar. Es ver a tus padres emocionados. Es percibir en la grada la aprobación de una ciudad que acompaña. Ganar es saber que, aunque la vida siga, ese recuerdo te acompañará siempre.


    Ganar fue también ver a quienes recién arrancan el camino: los pequeños de los jardines vestidos de capybara, los de la primaria dando sus primeros pasos hacia la adolescencia, y los de 5º año que se pararon frente al público como quienes están a punto de abrir una puerta hacia otra etapa. En cada presentación se percibía una posibilidad: aquello que cada niño y cada niña pudo por un momento imaginar como su futuro.


    Cuando el escenario quedó en silencio y las luces comenzaron a apagarse, me quedé unos segundos inmóvil. Miré hacia el Cóndor, ese testigo inmóvil que ve pasar las generaciones, y respiré hondo. Pensé en lo que esta fiesta significa: un lugar donde la ciudad se reconoce, donde se comparte, donde se contienen los nervios y se celebran los logros. Donde, por unas horas, todos volvemos a sentirnos parte de algo mayor.


    Como escribió Mario Benedetti: “De vez en cuando hay que hacer una pausa para contemplarnos a nosotros mismos: para ver si somos de verdad, los que creemos ser.”


    Esa pausa ocurrió esa noche. Entre luces, colores y risas, entre pasos torpes y grandes aciertos, Baradero se permitió mirarse. Y al ver a sus jóvenes brillar, confirmó que sigue siendo una ciudad que cree en sus hijos y en su futuro.


    Somos eso que soñamos. Somos eso que acompañamos. Somos eso que, cada primavera, vuelve a florecer.


    Crónica por Jazmín Abdala — LS2 Baradero

  • Donde florecen las voces jóvenes: Fiesta de la Primavera 2025

    Donde florecen las voces jóvenes: Fiesta de la Primavera 2025

    Crónica por Jazmín Abdala – LS2 Baradero


    Dicen que hay recuerdos que se guardan en la piel del pueblo, como un perfume que no se va con los años.
    En Baradero, uno de esos recuerdos tiene forma de primavera.
    Basta cerrar los ojos para verla: la plaza llena, el murmullo de los adolescentes con sus remeras de colores, los carteles pintados a mano, el eco de un locutor que anuncia a cada escuela con entusiasmo, y las risas que se mezclan con la música que rebota entre los árboles.
    Era el tiempo de las carrozas, de los trajes brillantes, de las reinas, del esfuerzo de semanas resumido en una tarde de desfile y aplausos.
    La ciudad se detenía para mirar pasar la juventud, y por unas horas todo parecía más alegre, más liviano, más nuestro.


    Las viejas generaciones lo recuerdan como un ritual que marcaba el fin de la escuela secundaria.
    Había competencia, sí, pero también comunidad.
    Los barrios se sumaban, los padres ayudaban a construir las estructuras con madera, papel y alambre, los comercios donaban materiales, los abuelos se acercaban con sus mates a ver cómo avanzaba cada carroza.
    No era solo una fiesta: era una manera de sentirse parte, de dejar una huella antes de despedirse de la adolescencia.
    Y aunque cada año tenía sus particularidades, la esencia se repetía: el orgullo de representar a la escuela y el deseo de ser recordados.


    Pero el tiempo, con su manera silenciosa de transformarlo todo, fue cambiando también las primaveras.
    Las nuevas generaciones empezaron a mirar con otros ojos lo que antes se aceptaba sin cuestionar.
    A algunos les incomodaba la idea de que una sola persona —elegida por su apariencia o por criterios tan viejos como injustos— representara a todo un grupo.
    Otros sentían que el esfuerzo por construir una carroza de varios metros no siempre se correspondía con el mensaje que querían transmitir.
    El mundo cambiaba, y las juventudes, como siempre, fueron las primeras en notarlo.


    Entonces, la Fiesta de la Primavera en Baradero comenzó a transformarse.
    Sin perder su espíritu, empezó a buscar nuevas formas de expresión.
    El escenario sigue levantándose donde está el monumento a la bandera, en esa misma plaza donde el cóndor parece vigilarlo todo desde arriba.
    Las luces vuelven a encenderse, la música suena, los grupos escolares ensayan sus coreografías, los carteles se pintan con frases que invitan a pensar, y los bancos del parque se llenan otra vez de familias.
    Pero algo cambió en el centro de la escena: lo importante ya no es quién tiene la carroza más imponente, sino qué historia se quiere contar.


    No todo Baradero entendió el cambio al principio.
    Hubo voces que lo resistieron, que lo vieron como una pérdida de identidad, una renuncia a las tradiciones que habían hecho de la fiesta un símbolo local.
    “Ya no es lo mismo”, se escuchaba decir.
    Y quizás tengan razón: no es lo mismo.
    Pero tampoco lo que era antes podría seguir siéndolo ahora.
    Porque las tradiciones, cuando se congelan, dejan de hablarle a la gente que las vive.
    Y una fiesta que celebra a la juventud debe, ante todo, escuchar lo que esa juventud tiene para decir.


    Hoy, los estudiantes de quinto año son los verdaderos protagonistas del cambio.
    Ellos tomaron la posta y decidieron darle otro sentido a la celebración.
    Ya no hay coronas, porque comprendieron que la belleza no puede ser un título.
    Ya no hay premios por el tamaño de una estructura, porque entendieron que el arte también puede ser mensaje, conciencia, pregunta.
    Las carrozas siguen existiendo, claro —como parte del color, como una herencia que se resignifica—, pero ya no cuentan en el puntaje final.
    El eje está en otra parte: en lo que se comunica, en la mirada social que cada grupo propone, en el modo en que el arte se convierte en una voz colectiva.


    Quizás ese sea el mayor logro de esta nueva etapa: haber comprendido que la fiesta no se trata de competir, sino de compartir.
    De decir algo al mundo, aunque sea desde una plaza, con una canción, un baile o una performance.
    Y en ese gesto hay algo profundamente educativo: la idea de que el arte puede ser herramienta de transformación, de que las juventudes no solo celebran, sino que piensan, sienten, se comprometen.


    Claro que no es fácil cambiar algo tan arraigado.
    Las costumbres tocan fibras profundas: lo que se hacía “de toda la vida” parece intocable.
    Pero también hay una belleza en atreverse a reinventar lo conocido.
    Quizás por eso, quienes alguna vez bailaron en ese mismo suelo, quienes recuerdan la emoción de salir al escenario por primera vez, puedan entender que detrás de cada cambio hay también una continuidad.
    El espíritu de encuentro sigue intacto, solo que ahora florece de otro modo.


    La plaza, que ha visto pasar tantas generaciones, vuelve a ser el corazón de esta historia.
    Sus caminos, gastados por las ferias y los actos, vuelven a llenarse de pasos jóvenes.
    El aire huele a pintura fresca, a ansiedad, a ilusión.
    Algunos padres observan desde lejos con ternura y un poco de nostalgia.
    Reconocen gestos, risas, nervios que alguna vez también fueron suyos.
    El pueblo, por unas horas, parece detenerse otra vez.
    Porque algo mágico ocurre cuando los adolescentes ocupan el espacio público: lo transforman, lo vuelven futuro.


    En el fondo, lo que cambió no fue la fiesta, sino la mirada con la que la entendemos.
    Antes se buscaba brillar; ahora, iluminar.
    Antes se competía por destacar; ahora, por conectar.
    Y quizás eso diga más de nuestra época que cualquier desfile o carroza.
    Porque las nuevas generaciones crecieron en un mundo donde la palabra inclusión no es un discurso, sino una necesidad.
    Donde la diversidad se celebra, y donde la belleza se encuentra en la diferencia.
    Y eso también merece una fiesta.


    “Las tradiciones no mueren —escribió Eduardo Galeano—, se transforman para seguir diciendo lo mismo de otra manera.”
    En ese sentido, la Primavera de Baradero no perdió su esencia.
    Sigue siendo un rito de paso, una despedida de la adolescencia, una bienvenida a la adultez.
    Sigue siendo ese momento donde el corazón late más rápido y la garganta se aprieta antes de subir al escenario.
    Solo cambió el modo en que se cuenta la historia.
    Y en esa transformación hay un aprendizaje colectivo: el de un pueblo que aprende a mirar con otros ojos, sin renegar de lo que fue, pero dispuesto a crecer.


    Este sábado 15 de noviembre, la plaza volverá a abrir sus brazos.
    El escenario ya espera, las luces se están probando, los micrófonos suenan, los trajes descansan doblados sobre las sillas.
    Y, como cada año, habrá nervios, risas, y abrazos que quedarán guardados en la memoria.
    Porque la primavera, más que una estación, es un estado del alma.


    A quienes alguna vez fueron parte, a quienes recuerdan aquellas noches de juventud y canciones, los invitamos a volver.
    A ocupar otra vez ese espacio que alguna vez les perteneció.
    A mirar con orgullo a los chicos y chicas que hoy bailan, cantan, sueñan, defienden ideas.
    A comprender que esta nueva versión no borra la historia, sino que la continúa.
    Que la fiesta no perdió su sentido: solo cambió de forma para incluir más voces.
    Y que el verdadero espíritu de la primavera no está en la carroza ni en la corona, sino en la capacidad de renacer.


    Vuelvan a la plaza, aunque sea por un rato.
    Escuchen las canciones, miren las luces, siéntanse parte otra vez.
    Porque allí, donde el monumento a la bandera mira hacia el río, donde el cóndor parece extender sus alas sobre el pueblo, la juventud de Baradero volverá a decir presente.
    Y cada aplauso, cada mirada, cada acompañamiento de los que fueron parte alguna vez, será también una forma de agradecer.
    De entender que las fiestas, como la vida, cambian para seguir floreciendo.

    Porque hay primaveras que no necesitan flores para ser hermosas.
    Solo necesitan gente que crea en ellas.

  • EL TORITO: LA CASA DEL CAMPO ARGENTINO.

    EL TORITO: LA CASA DEL CAMPO ARGENTINO.

    Crónica por Jazmín Abdala – LS2 Baradero.

    Hay lugares que no se visitan, se recuerdan.
    Y hay recuerdos que, aunque creas perdidos, vuelven al oler el humo de una parrilla o al escuchar una zamba que suena bajito en una tarde de campo.

    El camino hacia el paraje rural de Baradero parece hecho de tiempo y de polvo. A cada curva, los eucaliptos se doblan con el viento y dejan ver, entre pastos y barrancas, la historia de una ciudad que se fundó en 1615, cuando el país aún era apenas una promesa.
    Baradero, “la Ciudad del Encuentro”, es el pueblo más antiguo de la provincia de Buenos Aires. Y entre su río y su campo, entre el murmullo del Paraná y los caminos de tierra que lo rodean, guarda un rincón que late con su propio corazón: la Pulpería El Torito.

    Dicen que en sus orígenes fue un almacén de ramos generales, levantado en 1808, cuando las carretas cargadas de granos y cueros cruzaban el antiguo Camino Real rumbo al norte. Por ese mismo sendero pasaron los granaderos del general San Martín camino a Mendoza. Años más tarde, cuando la patria apenas se escribía con tinta y valentía, fue refugio para Camila O’Gorman y su enamorado, que encontraron en este rincón del mapa un respiro entre el amor y la persecución. Mucho después,  cuentan que Ernesto “Che” Guevara se detuvo a tomar una copa en la barra de madera.

    El Torito, entonces, es más que una pulpería: es una cápsula viva del país, una esquina del tiempo donde el pasado y el presente se abrazan.

    Cuando llego, el sol cae sobre el alero y tiñe de oro las paredes de adobe. El aire huele a leña, a pasto recién cortado y a pan caliente. De fondo, una zamba suave —de esas que suenan con la melancolía justa— se mezcla con las risas del patio.
    Por un momento, cierro los ojos y vuelvo a la casa de mi abuela.
    Vuelvo a ese patio donde el humo del asado se enredaba en las enredaderas, donde mi tata giraba las brasas con una paciencia infinita mientras sonaba una zambita en la radio.
    Era la misma melodía, o al menos así la siento.
    Porque hay músicas que no pertenecen a una época, sino al alma.

    Abro los ojos y ahí está: el Torito, entero, renovado, hermoso, como si el tiempo se hubiera detenido justo antes de que la modernidad lo borrara.

    Me reciben Agostina Gisbert y Juan Pablo Patané, junto a los padres de él, Pablo Esteban Patané y Gabriela Inés Fuentes, los actuales dueños. Cuatro personas y una misma idea: devolverle al Torito la vida que nunca debió perder.

    “Nos costó, pero valió cada esfuerzo —dice Gabriela, mientras sirve un mate—. Este lugar es una parte del alma de Baradero, y verlo así, lleno otra vez, es una emoción difícil de explicar.”

    El ambiente es simple, como todo lo que realmente vale.
    Paredes gruesas, botellas de vidrio alineadas, herramientas antiguas que parecen recién bajadas del carro de un colono. En las estanterías, hay latas, frascos y fotografías en blanco y negro que murmuran historias.
    Nada está de más. Nada está por casualidad.

    El exdueño, don Peralta, lo dijo una vez con una frase que se quedó colgada en la memoria de todos:

    “El apellido Peralta nació en el Torito en 1901, con mi abuelo. Lo continuó mi padre y luego lo terminé yo.”

    Esa historia, contada al calor del fuego, parece flotar aún entre las vigas.
    Porque aunque cambien los nombres, los lugares con alma siempre conservan algo de quienes los amaron primero.

    Pablo, el suegro de Agostina, fue quien impulsó la recuperación del lugar. Nació y creció en Olavarría, una ciudad de la llanura bonaerense, atravesada por el arroyo Tapalqué y perfumada por el polvo del campo y las canteras.
    “Allá, en mi infancia, conocí almacenes como este —me cuenta—. Lugares donde la gente compraba harina y velas, pero también compartía historias, consejos, penas y alegrías. Mis abuelos tenían uno en el campo. Era el corazón del pueblo. Cuando entré por primera vez al Torito, sentí lo mismo: que las paredes guardaban conversación.”

    Lo mira con ternura su esposa, Gabriela, y asiente.
    “Fue él quien insistió —dice—. Yo no sabía en lo que nos metíamos, pero cuando vi el brillo en sus ojos, entendí que no era solo un proyecto: era una manera de volver a sus raíces.”

    Y así fue.
    La familia se propuso restaurar el edificio sin borrar su historia. Con cuidado, rescataron cada viga, cada mueble, cada detalle. Las paredes se limpiaron con paciencia, el techo se reforzó, la barra volvió a brillar bajo la luz amarillenta de las lámparas.
    Hoy, el Torito luce exactamente como debía lucir: auténtico, con olor a pasado y sabor a presente.

    Juan Pablo, el esposo de Agostina, se encarga del fuego.
    “El asado es el plato del Torito —me dice—. Es el campo argentino hecho comida. Reunión, vino, sobremesa, silencio. Todo eso es el asado.”
    Mientras acomoda las brasas, me cuenta que cada fin de semana llegan familias de distintos rincones del país. Algunos vienen a probar el chorizo criollo, otros por las empanadas, pero la mayoría, dice, llega buscando algo que no sabe nombrar: un recuerdo, una sensación, una raíz.

    “Hay gente que se sienta y llora —agrega Agostina—. Nos cuentan que sus abuelos los traían de chicos, que jugaban acá enfrente, o que venían a bailar los domingos. Otros nos dicen que conocieron a sus parejas en una peña del Torito. Este lugar tiene algo que despierta la nostalgia.”

    Y mientras escucho, lo entiendo.
    Porque mientras hablo con ellos, la tarde se convierte en dorado y el aire se llena de perfume a carne asada, a vino tinto, a pan.
    Una pareja mayor se toma de las manos en una mesa del rincón. Una mujer le cuenta a su hija cómo conoció a su padre “una noche de zamba en este mismo patio”.
    Un grupo de amigos brinda entre guitarras y anécdotas.
    Todo parece ocurrir fuera del tiempo.

    Baradero tiene esa mezcla rara de río y campo que enamora.
    Es el lugar donde el Paraná susurra historias de pescadores, y el viento del sur acaricia los trigales.
    Fue misión franciscana, fue colonia suiza, fue refugio de románticos, prófugos y soñadores.
    Es, todavía hoy, una ciudad que vive entre la memoria y la esperanza.

    El Torito, en ese mapa, es su corazón antiguo.
    Un espacio donde el campo no es postal, sino pulso.
    Donde los caballos aún dejan huellas en el barro, y el silencio de la siesta es tan espeso que se puede tocar.

    En una de las paredes, un cartel reza: “La tradición no se conserva, se vive.”
    Y ese parece ser el espíritu del lugar.
    No hay artificio, no hay marketing, no hay turismo impostado. Hay autenticidad.
    Y esa autenticidad, en tiempos de pantallas y ruido, emociona.

    Cae la noche.
    Las luces cálidas se encienden sobre el alero.
    Afuera, los grillos arman su propio concierto. Adentro, una guitarra se atreve a una zamba.
    El humo del fuego sube despacio, dibujando en el aire la misma forma que veía en casa, cuando mi tata soplaba las brasas con un fuelle viejo.
    Pienso que el fuego es un idioma sin traducción: une generaciones, une historias.
    Quizás por eso el asado no es solo comida. Es rito, pertenencia, afecto.

    Agostina me ofrece una empanada recién salida del horno de barro.
    El primer bocado me lleva a mi infancia sin escalas.
    Tiene ese gusto que no se imita: mezcla de carne, comino y ternura.
    “¿Ves? —dice Agostina—, por eso la gente vuelve. Porque el sabor de casa no se olvida.”

    Y es cierto.
    El Torito no es solo un restaurante. Es un refugio emocional.
    Un lugar donde los sabores, los olores y las historias se entrelazan.
    Donde el campo sigue siendo campo y la tradición, un acto cotidiano.

    De tanto en tanto, alguien entra, se sienta y empieza a hablar.
    Cuentan amores, infancias, partidas.
    Una mujer dice que vino con su esposo antes de casarse. Otro recuerda que su abuelo trabajó en el Camino Real.
    Las historias flotan, se cruzan, se escuchan.
    Y uno siente que no está comiendo solo, sino compartiendo un pedazo del alma colectiva de este país.

    Quizás eso explica por qué el Torito emociona tanto.
    Porque en un tiempo donde todo se acelera, este rincón obliga a frenar, a mirar, a escuchar.
    Y de pronto, la historia no es solo un dato, sino una vivencia.
    La patria, entonces, no está en los libros, sino en los lugares como este.

    Cuando salgo al patio, la luna se refleja en los charcos del camino.
    El viento trae olor a río.
    Pienso que el Torito es como una vieja canción: cambia quien la canta, pero el sentimiento es el mismo.
    San Martín, el Che, Camila O’Gorman, los Peralta, los Patané, los turistas, los vecinos, los niños que corren por el patio. Todos, de algún modo, formamos parte del mismo relato.

    Antes de irme, Pablo se queda mirando las luces del interior y dice en voz baja:

    “Yo creo que el Torito no nos pertenece. Le pertenece al tiempo. Nosotros solo lo cuidamos un rato.”

    Asiento. Porque tiene razón.
    Hay lugares que trascienden a quienes los habitan.
    El Torito es uno de ellos.

    Subo al auto y miro por el espejo retrovisor.
    Las luces del patio se van achicando entre los árboles.
    La zamba sigue sonando en mi cabeza.
    Y pienso que si alguna vez uno necesita volver a creer en lo simple —en el fuego, en la mesa, en la historia, en el amor—, solo hace falta venir hasta este rincón de Baradero.

    Porque en El Torito, el tiempo no pasa: se queda a comer.



    Créditos fotográficos y agradecimientos especiales a:

    Agostina Gisbert, Juan Pablo Patané, Pablo Esteban Patané y Gabriela Inés Fuentes.
    Gracias por abrir las puertas de El Torito, por las historias compartidas y por mantener viva la tradición.

  • LLEGA “SABORES DEL MUNDO” A BARADERO: TRES DÍAS PARA DISFRUTAR DE LA GASTRONOMÍA, LA CULTURA Y LOS EMPRENDEDORES LOCALES.

    LLEGA “SABORES DEL MUNDO” A BARADERO: TRES DÍAS PARA DISFRUTAR DE LA GASTRONOMÍA, LA CULTURA Y LOS EMPRENDEDORES LOCALES.

    Del 7 al 9 de noviembre, Plaza Mitre será escenario de Sabores del Mundo, una experiencia gastronómica y cultural organizada por Emprendedores Baradero. El evento reunirá comidas típicas de distintos países, artesanos, juegos, shows en vivo y artistas locales, invitando a vecinos y visitantes a disfrutar de una propuesta familiar que celebra la diversidad y el trabajo emprendedor.

  • CAMBIO ESTRUCTURAL: CÓMO LA VICTORIA DE LA LIBERTAD AVANZA REDEFINE EL MAPA POLÍTICO ARGENTINO.

    CAMBIO ESTRUCTURAL: CÓMO LA VICTORIA DE LA LIBERTAD AVANZA REDEFINE EL MAPA POLÍTICO ARGENTINO.

    Por Jazmín Abdala — LS2 Baradero | 27 de octubre de 2025


     Si tenés solo un minuto, leé esto:

    • La participación fue del 67,8%, la más baja desde 1983.
    • La Libertad Avanza se consolidó como primera minoría a nivel nacional y amplió su presencia en ambas cámaras.
    • El peronismo (Fuerza Patria) quedó segundo con aproximadamente 31,7% y mantiene 99 diputados.
    • Debutó la boleta única de papel a nivel nacional sin incidentes relevantes.
    • Más de 12 millones de electores no concurrieron a votar: el ausentismo se consolida como fenómeno político.

    El 26 de octubre de 2025 quedará marcado como una elección de doble signo: por un lado, la contundencia del resultado que catapulta al oficialismo a una posición de mayor influencia parlamentaria; por otro, la confirmación de una crisis de vínculo entre la política y gran parte de la ciudadanía, expresada en la histórica caída de la participación. Con el 67,8% del padrón asistiendo a las urnas —la cifra más baja en cuatro décadas— las lecturas no pueden limitarse a quién ganó y quién perdió: exigen un análisis de las causas, los efectos y los desafíos que derivan de este nuevo mapa político.


    Contexto: la curva descendente de la participación

    La variable participación es la que da la medida más fiel de la salud democrática. En 1983, el retorno al voto libre marcó picos superiores al 85%. En las últimas décadas, sin embargo, la tendencia fue de erosión: 2015 rondó el 80%, 2017 bajó al 77%, 2021 —en plena pandemia— cayó al 71,7% y 2023 subió al 77% por la intensidad presidencial. 2025 rompe con esa recuperación y marca un nuevo piso.

    Las causas son múltiples: crisis económica persistente, fragmentación política, desgaste de los liderazgos tradicionales y desconfianza social. A esto se suma una generación joven que se informa, milita y protesta en redes, pero que cada vez se identifica menos con las estructuras partidarias.

    Según la consultora Analogías, un 39% de los ausentes declaró haber tomado la decisión de “no votar” por no sentirse representado. Otro 22% lo hizo por descreimiento hacia el sistema en su conjunto. El ausentismo, lejos de ser apatía, se convierte así en una forma de expresión política.


    La boleta única: una modernización institucional

    Fuerte ausentismo de votantes en estas elecciones 2025.

    El debut nacional de la boleta única de papel (BUP) fue uno de los ejes técnicos de la jornada. Implementada en todo el país, simplificó la logística, redujo los votos nulos y evitó el robo de boletas. El Correo Argentino y la Cámara Nacional Electoral informaron una jornada sin incidentes relevantes en más de 17.000 escuelas y 109.000 mesas.

    Sin embargo, la reforma no logró revertir la desafección social. La boleta única resolvió un problema de procedimiento, pero no de legitimidad. En términos simbólicos, modernizar el sistema electoral no alcanza si la política sigue sin conectar con la ciudadanía.


    ¿Por qué ganó La Libertad Avanza?

    La victoria de La Libertad Avanza (LLA) responde a una combinación de factores estructurales, discursivos y de coyuntura:

    • Reconfiguración del discurso: tras meses de tensiones, el oficialismo moderó su tono y amplió su base hacia sectores de centro.
    • Alianzas territoriales: acuerdos con referentes del PRO y fuerzas provinciales fortalecieron candidaturas clave en Córdoba, Mendoza y Santa Fe.
    • Contexto económico: la desaceleración de la inflación y el regreso de reservas al Banco Central ofrecieron un clima de estabilidad que favoreció al gobierno.
    • Polarización efectiva: la campaña transformó la elección en un referéndum sobre la continuidad del modelo liberal frente al retorno peronista.

    El resultado: LLA se consolidó como primera minoría en Diputados y amplió su representación en el Senado, acercándose al tercio necesario para sostener vetos. Un triunfo con fuerte contenido político y simbólico.


    Un nuevo mapa territorial

    El oficialismo arrasó en CABA (58,3%), Córdoba (56,1%), Mendoza (54%) y Santa Fe (52,8%). La Provincia de Buenos Aires, siempre termómetro electoral, fue decisiva: con un 46% de votos, Milei logró quebrar la hegemonía peronista en el conurbano profundo.

    El peronismo retuvo su fuerza en el norte argentino (Santiago del Estero, Formosa, Chaco), pero perdió terreno en distritos urbanos y de clase media. La izquierda mantuvo presencia testimonial y las fuerzas provinciales no lograron consolidarse a nivel nacional.


    Gobernabilidad: la segunda mitad del mandato

    El oficialismo llega con fuerza, pero sin mayorías absolutas. Los próximos dos años requerirán acuerdos y pragmatismo. La gestión económica, la seguridad y la reforma laboral marcarán la agenda inmediata.

    La consolidación legislativa le permitirá a Milei avanzar con proyectos de ley que habían quedado bloqueados, aunque el margen político dependerá del apoyo coyuntural de bloques aliados y del humor social. El desafío es claro: transformar el poder electoral en capacidad de gestión.


    La oposición ante el espejo

    El peronismo enfrenta una etapa de reconstrucción profunda. El resultado electoral lo deja sin eje unificador y con tensiones internas evidentes entre sus sectores tradicionales y emergentes. Dirigentes de peso ya plantean la necesidad de una “refundación opositora” basada en nuevas formas de militancia y liderazgo colectivo.

    La oposición deberá decidir si se reconfigura como contrapeso democrático o si continúa en la lógica de fragmentación que le impidió ser alternativa. En esa definición se juega buena parte de la calidad política del nuevo ciclo.


    Ausentismo: la otra gran señal

    El verdadero mensaje de estas elecciones puede no estar en las urnas llenas, sino en las vacías. Más de 12 millones de personas no votaron. En términos históricos, se trata del nivel de ausentismo más alto en democracia.

    En los barrios del conurbano, en pueblos del interior y en sectores urbanos jóvenes, la sensación es similar: “no me representan”. Esa desafección ya no se traduce solo en abstención, sino en un nuevo tipo de ciudadanía desconectada del sistema formal, pero activa en otros espacios: redes, consumo, cultura, protesta.

    En ese contexto, la participación deja de ser solo un número y pasa a ser un indicador de legitimidad. Cuando la democracia se vacía de entusiasmo, se debilita desde adentro.


    Reflexión final

    La elección del 2025 marca un cambio estructural en la política argentina: la consolidación de un nuevo bloque dominante, la modernización parcial del sistema electoral y, al mismo tiempo, una creciente distancia entre dirigencia y sociedad.

    El desafío, más que político, es cultural. Volver a despertar interés en participar, recuperar el sentido del voto y entender que la democracia no se agota en una jornada electoral. La legitimidad no solo se mide en votos, sino en confianza.

    Argentina inicia así una nueva etapa: una donde el poder se redefine, pero también una donde el silencio del ausentismo resuena más fuerte que nunca. Escuchar ese silencio, interpretarlo y responder con hechos será, quizás, la tarea más urgente del tiempo que comienza.


    Por Jazmín Abdala — LS2 Baradero | 27 de octubre de 2025

  • “EL SILENCIO DE LAS URNAS: “RÉCORD HISTÓRICO DE AUSENTISMO EN LAS ELECCIONES 2025”.

    “EL SILENCIO DE LAS URNAS: “RÉCORD HISTÓRICO DE AUSENTISMO EN LAS ELECCIONES 2025”.

    Por Jazmín Abdala | LS2 Baradero | 26 de octubre de 2025


    Si tenés solo un minuto, leé esto:

    • La participación fue del 67,8% del padrón nacional: la más baja desde 1983.
    • Más de 12 millones de personas decidieron no votar, pese a la obligatoriedad del sufragio.
    • La nueva Boleta Única de Papel debutó sin denuncias graves y con buena aceptación.
    • Analistas advierten una crisis de representación y una desconexión creciente entre la ciudadanía y la política.

    Argentina volvió a votar este domingo, pero la noticia no estuvo en quién ganó, sino en cuántos no fueron a votar. Con una participación del 67,8% del padrón, las elecciones legislativas de 2025 registraron el nivel de concurrencia más bajo en más de cuatro décadas de democracia. El dato reaviva un debate profundo: ¿por qué cada vez más argentinos se alejan de las urnas?

    En números concretos, más de 12,2 millones de personas decidieron no participar del proceso electoral. Ni la implementación de la Boleta Única de Papel ni la tranquilidad de la jornada lograron revertir una tendencia que ya se venía viendo en las elecciones provinciales, donde en algunos distritos la participación apenas superó el 55%.


    Un descenso que ya se venía anunciando

    Desde el regreso de la democracia, la participación electoral en Argentina se había mantenido por encima del 80%. Sin embargo, la curva descendente comenzó a marcarse con fuerza en la última década. En las legislativas de 2021, votó el 71,7% del padrón; en 2023, el 74%. Este año, el 67,8% representa el piso más bajo desde 1983.

    Según la Cámara Nacional Electoral, a las 15 horas del domingo apenas el 41,7% de los empadronados había emitido su voto, frente al 51% registrado a esa misma hora en 2021. En provincias como Chaco o Jujuy, la asistencia no llegó al 60%, y en Santa Fe se ubicó cerca del 59%. Un fenómeno que ya se había repetido en elecciones locales a lo largo del año, donde el promedio nacional de participación fue del 58%.

    Los especialistas hablan de un “desgaste cívico”. El malestar económico, la pérdida del poder adquisitivo, la sensación de promesas incumplidas y la desconfianza hacia la dirigencia conforman un cóctel que erosiona el vínculo entre la política y la ciudadanía. “El ausentismo no es indiferencia, es una forma de protesta silenciosa”, explicó el politólogo Marcelo Bermolén, de la Universidad Austral. “La gente no está cansada de votar, está cansada de no ser escuchada”.


    Las nuevas formas del desencanto

    Fuerte ausentismo de votantes en estas elecciones 2025.

    La baja participación no sorprende a quienes vienen observando el clima social. Según un informe de CIPPEC y UNICEF, los jóvenes entre 16 y 25 años —que representan casi el 8% del padrón— muestran una de las tasas de participación más bajas, impulsados por una creciente desconfianza en la política tradicional. En ese rango etario, el 84% declaró estar insatisfecho con el funcionamiento de la democracia (Latinobarómetro, 2020).

    La lógica de “nada cambia” se impone. Muchos votantes perciben que su voto no tiene consecuencias reales sobre su vida cotidiana. En ese contexto, no asistir a las urnas se convierte en una respuesta política, aunque sea desde la inacción.

    Otros factores también influyen: el desdoblamiento de elecciones, la falta de liderazgos nuevos, la complejidad del escenario partidario y la fragmentación del sistema de representación. A eso se suma un cambio cultural: la inmediatez de las redes sociales, donde la expresión política se traslada al clic, al comentario, al “me gusta”, en lugar del sobre y la urna.


    Boleta única: un cambio técnico, no cultural

    Este año fue el debut nacional de la Boleta Única de Papel (BUP), una reforma que buscó simplificar el proceso electoral y garantizar transparencia. Según el Ministerio del Interior, la implementación fue exitosa y sin incidentes relevantes. Sin embargo, su impacto no se tradujo en un aumento de participación. El problema no parecía ser el instrumento, sino el vínculo entre el votante y el sistema.

    “Modernizamos el formato, pero no reconstruimos la confianza”, resumió un funcionario electoral. Y esa frase sintetiza el dilema: la desafección no es logística, es emocional. Los ciudadanos no están rechazando el mecanismo, sino la representación que sienten lejana, opaca y ajena.


    Una democracia que se enfría

    Hace cuatro décadas, en 1983, la gente hacía fila durante horas para votar. Hoy, las escuelas cierran con pasillos vacíos. El voto obligatorio ya no garantiza compromiso, y la democracia argentina atraviesa un momento de introspección: sigue en pie, pero menos viva.

    En el pasado, la participación fue un símbolo de conquista. Hoy parece volverse rutina. Esa distancia emocional entre el ciudadano y la política no se corrige con campañas ni con promesas, sino con hechos: con gestos de cercanía, con rendición de cuentas, con coherencia.


    Más que un número

    El 67,8% no es solo un porcentaje. Es una señal. Un llamado de atención que atraviesa a todo el sistema político. En tiempos de polarización, la ausencia se vuelve un dato incómodo: mientras los partidos se disputan la minoría que vota, una mayoría silenciosa se aleja sin mirar atrás.

    Ese silencio debería ser leído no como desinterés, sino como advertencia. La democracia argentina, que resistió crisis, hiperinflaciones y pandemias, enfrenta hoy un desafío distinto: la indiferencia. Y ese es, quizás, el más peligroso de todos.


    Un llamado a repensar

    Si algo dejaron claro estas elecciones es que no alcanza con votar, pero sin votar no hay futuro. La representación no se sostiene solo con urnas llenas, sino con vínculos vivos. El desafío es reconstruir la confianza, y para eso se necesita más que reformas técnicas: se necesita una narrativa nueva, capaz de volver a conectar con la esperanza.

    Las urnas hablaron, aunque en voz baja. Y lo que dijeron, sin palabras, es que la política necesita escucharse a sí misma. No para buscar culpables, sino para encontrar respuestas.


    “La democracia no se pierde de golpe. Se apaga, poco a poco, cuando la gente deja de creer que vale la pena ir a votar.”

    Por Jazmín Abdala – LS2 Baradero

  • ANSES DIGITAL: SE PODRÁ TRAMITAR POR LA WEB LA PENSIÓN DERIVADA POR FALLECIMIENTO DE UN JUBILADO

    ANSES DIGITAL: SE PODRÁ TRAMITAR POR LA WEB LA PENSIÓN DERIVADA POR FALLECIMIENTO DE UN JUBILADO

    En el marco del proceso de digitalización que lleva adelante el Gobierno nacional, el Ministerio de Capital Humano anunció una nueva facilidad para los ciudadanos.

    A partir de ahora, el trámite de Pensión derivada por fallecimiento de un jubilado podrá realizarse de forma digital a través de mi ANSES, ya sea desde la web oficial o mediante la aplicación móvil.

    No será necesario acercarse a una oficina para iniciar este trámite.

    Podrán solicitar esta prestación:

    • El/la cónyuge del jubilado fallecido.
    • El/la conviviente previsional.
    • Hijos solteros menores de 18 años.
    • Hijos mayores de 18 con discapacidad, que no cobren otra prestación.

    Para realizar el trámite de forma digital, la fecha de fallecimiento no debe superar los 4 meses. Pasado ese plazo, el trámite deberá realizarse de manera presencial.

    Este nuevo sistema permitirá:

    • Mayor agilidad en el otorgamiento.
    • Evitar gastos de traslado y costos asociados.
    • Más disponibilidad de turnos para otros trámites.

    La medida se enmarca en una serie de acciones que buscan modernizar los servicios de ANSES y facilitar el acceso a las prestaciones.

     

  • SE SUSPENDIERON LAS CLASES EN ESCUELA 10 DE PORTELA

    SE SUSPENDIERON LAS CLASES EN ESCUELA 10 DE PORTELA

    La decisión la Tomaron esta mañana las autoridades debido a que ya llovieron 80 mm en la localidad y creció el arroyo La Bellaca.
    De manera preventiva se decidió suspender el dictado de clases presencial, que los docentes y alumnos de Baradero se retiren del establecimiento de manera preventiva ante una posible crecida mayor del arroyo.
    Las clases continuarán dictándose de manera virtual.
  • HUBO UN CESE DEL ALERTA METEOROLOGICO EMITIDO AYER

    HUBO UN CESE DEL ALERTA METEOROLOGICO EMITIDO AYER

    En Santa Coloma llovieron 90 mm y 80 mm en Portela.
     Si bien incrementó el nivel de los arroyos pero no hay perspectiva ni inconvenientes con la calzada 
    Lo expresó el propio director de Defensa Civil, Gabriel Fontanari, respecto a la suspensión de clases presenciales en instituciones educativas en la localidad de Ireneo Portela. “Sí incrementó el caudal de agua de los arroyos, pero por el momento no hay riesgo alguno como para cortar la ruta y demás. Solicitamos circular con precaución”
    Ayer se emitió un alerta amarilla y por la tarde incrementó a alerta naranja, aunque en horas de la madrugada cesó el alerta y cayeron alrededor de 28 mm en Baradero.
    FUENTE: RADIO MUNICIPAL BARADERO