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  • Falleció Rubén Patagonia, ícono de la música patagónica y la cultura originaria

    Falleció Rubén Patagonia, ícono de la música patagónica y la cultura originaria

    Este 15 de enero de 2026 la comunidad artística y cultural de Argentina está de luto por la muerte de Rubén Patagonia, uno de los referentes más trascendentes de la música patagónica contemporánea. El artista, cuyo nombre real era Rubén Chauque, falleció a los 69 años en Comodoro Rivadavia, su ciudad natal, tras atravesar un delicado estado de salud que se había agravado en los últimos días.

    Nacido el 2 de julio de 1956 en la provincia de Chubut, Patagonia fue mucho más que un músico folklórico: fue un cantautor, activista cultural y actor profundamente comprometido con la identidad, la memoria y la dignidad de los pueblos originarios del sur argentino. De raíces tehuelches, su obra comenzó a consolidarse en la década de 1970 y se destacó por fusionar sonidos ancestrales con lenguajes musicales contemporáneos, logrando un estilo propio que lo ubicó como un puente entre tradiciones y nuevas expresiones musicales.

    A lo largo de su extensa trayectoria, Rubén Patagonia dejó una discografía que se considera fundamental para entender la música del sur argentino. Entre sus trabajos más reconocidos se encuentran “Más Acá del Colorado”, “Miremos al Sur”, “Ay, Patagonia”, “Cutral-Có” (producido por Ricardo Iorio) y “Volver a Ser Uno” (con producción de León Gieco), además de “Historias” (2006). Estas obras no solo reflejaron su compromiso con la tierra y la cultura patagónica, sino que también fueron un espacio de reflexión sobre la historia y la lucha de los pueblos originarios.

    Además de su labor musical, Patagonia fue un promotor cultural y educativo. En 1984 fundó el taller “Volver a Ser Uno”, dedicado al rescate y la transmisión de las culturas mapuche, aonikenk y selk’nam, contribuyendo a que nuevas generaciones reconozcan y valoren sus raíces. También incursionó en el cine, participando en producciones nacionales e internacionales, como “La película del Rey” de Carlos Sorín, y compartiendo escenas con reconocidos actores.

    La figura de Rubén Patagonia trascendió la Patagonia y llegó a diversos rincones del país. En localidades de la región y más allá, su música y su mensaje resonaron como símbolos de identidad y resistencia cultural. En la ciudad de Baradero, por ejemplo, su arte tuvo una presencia destacada en eventos culturales y en nuestro festivale, siendo ovacionado en ocasiones como el cierre del Pre-Baradero 2007  y generando un fuerte vínculo con el público local que lo reconoció como un referente de la música argentina con raíces profundas.

  • “Baradero Suena: Crónicas del Rock Local”-Pali Ground Reggae Music.

    “Baradero Suena: Crónicas del Rock Local”-Pali Ground Reggae Music.

    RADIO LS2 BARADERO – 2025 -Una producción por Jazmín Abdala


    Hay una cadencia que no se aprende en los libros, sino que se respira en el aire denso de las orillas del río. Es una síncopa que te obliga a bajar los hombros, a soltar la mandíbula y a dejar que el pulso del corazón se sincronice con el de la tierra. En Baradero, esa frecuencia tiene un nombre propio: Pali Arlia. Hablar de Pali Ground y los amigos del reggae es hablar de un hombre que lleva treinta años descifrando el idioma de Kingston para traducirlo al lunfardo de nuestras calles. Pero no es solo música; es una cuestión de arraigo. El nombre mismo lo dice: Ground. Tierra. El suelo que pisamos, el barro que nos ensucia las zapatillas y el mismo polvo del que venimos y al que vamos. Pali ha construido un refugio sonoro donde el reggae no es una moda de verano, sino un manifiesto de resistencia que se gestó en el silencio más crudo que nos tocó vivir: la pandemia.

    Cierro los ojos y puedo sentir el ambiente donde nace este proyecto. Imaginen el encierro del 2021. Mientras el mundo afuera era pura incertidumbre, adentro de una habitación, un padre y un hijo empezaron a conversar sin decirse palabras. Pali, con los dedos gastados de tanto recorrer teclas en el conservatorio y en los escenarios de La Plata y Baradero, y Vicente, su hijo, empuñando el bajo con la frescura de quien hereda una corona sin pedirla. Pali Ground nació ahí, en esa intimidad de sangre. La idea original era sencilla en los papeles pero compleja en el alma: juntar a los mejores colegas de la ciudad, amantes del género, para darle vida a esas letras que Pali venía macerando. Letras que hablan de la unidad, del respeto y, sobre todo, de “La Misión”: cuidar este ambiente que nos sostiene.

    La formación actual es un seleccionado de voluntades que vibran en la misma nota. Al bajo de Vicente se le suma la batería de Víctor Zabala, ese latido constante que maneja el swing con una naturalidad envidiable. Lucho Carraro le pone el color con la percusión, y cuando entran los “caños” —el saxo tenor del Flaco Puchi y el saxo alto del Mono Hermo—, la atmósfera cambia. El aire se vuelve sofisticado, casi cercano al jazz, pero con ese “mulete” rítmico del piano y la guitarra que te recuerda que, aunque estemos en otra sintonía, esto sigue siendo rock de pura cepa.

    —Nosotros sentimos al rock como género propio —me dice Pali con la calma de quien ya no tiene nada que demostrar—. Somos rockeros pero en otra frecuencia. Toqué reggae toda la vida. Fuimos pioneros acá con Quemando y Saqueando, pasamos por mil mutaciones, pero la esencia es la misma: gritar conciencia desde el ritmo.

    Esa trayectoria de tres décadas se siente en la seriedad con la que abordan cada arreglo. No se trata de tocar “lindo”, se trata de que el bajo tenga presencia, de que las armonías estén laboradas y de que el mensaje no se pierda entre la distorsión. Pali recuerda sus años en el conservatorio, sus viajes en 2004 desde La Plata cuando todavía el reggae en Baradero era una rareza exótica. Hoy, verlo arriba del escenario con Vicente es ver el círculo cerrarse. Pali trae la semilla —la letra y la melodía inicial— y es su hijo quien le pone los cimientos con el bajo. Es una construcción comunitaria que se termina de pulir con los vientos, dándole ese respiro, ese aire necesario para que la canción vuele.

    Pero no todo es paz y amor en el mundo del reggae independiente. Hay una crudeza en la charla que no podemos ignorar. Pali es tajante: el arte en Argentina está subestimado, golpeado por una falta de valoración que duele. Mantener una banda numerosa, sustentarse en el tiempo y no bajar los brazos es la verdadera proeza de estos músicos.

    —El mayor desafío es mantenerse juntos —reflexiona—. Mientras la llama esté encendida, va a haber música. Pero para eso hace falta disciplina. Yo les digo a los que empiezan: agarra el instrumento todos los días. Aunque sean veinte minutos. No lo cuelgues nunca, aunque todos te subestimen. El instrumento es el que te salva.

    Al escuchar sus últimos singles en Spotify, “Conectados” y “Volver a creer”, uno entiende por qué Pali Ground es una banda necesaria en nuestra República del Rock. Son canciones que funcionan como un cable a tierra en medio del caos del algoritmo y el sonido procesado. Son canciones que huelen a Bob Marley y Peter Tosh, pero que tienen el ADN de Charly, de los Redondos y de Sumo. Es ese reggae nacional que aprendió a llorar y a reír en nuestro propio idioma.

    Me despido con “La Misión” sonando de fondo. Una canción emblemática que nos recuerda que somos parte de algo más grande. Pali Ground no es solo una banda de Baradero; es el testimonio de un hombre que decidió que su tierra, su ground, iba a sonar a conciencia y a libertad. Subí el volumen, dejá que el bajo te acomode las ideas y recordá que, a veces, para encontrar la verdad, no hay que mirar hacia arriba, sino prestarle el oído a lo que nace acá nomás, bien pegadito al suelo.


    Pali Ground: Radiografía de la Banda

    • Alineación: Pali Arlia: Teclado y voz principal. Vicente Arlia: Bajo. Víctor Zabala: Batería. El Flaco Puchi: Saxo tenor. El Mono Hermo (Germán Alejandro Hermo): Saxo alto. Lucho Carraro: Percusión.
    • Fecha de nacimiento: Año 2021 (Gestada en pandemia).

     

  • Cayó el precio mayorista de huevos en Argentina, pero no bajó para el consumidor

    Cayó el precio mayorista de huevos en Argentina, pero no bajó para el consumidor

    La industria avícola argentina registró una baja de más del 35% en el precio mayorista del maple de 30 huevos entre mayo de 2025 y enero de 2026, según el informe anual de la Cámara Argentina de Productores e Industrializadores Avícolas (CAPIA).
    A pesar de esta caída en el precio de origen, los consumidores no han visto una rebaja equivalente en los comercios minoristas, lo que generó críticas de productores y cuestionamientos sobre el comportamiento de intermediarios y distribuidores.
    El informe también destaca un crecimiento del 8,7% en el parque de aves ponedoras en 2025, pasando de 57,7 a 62,7 millones de aves, lo que refleja una expansión de la producción nacional.


    ¿Por qué es importante el consumo de huevos según la ciencia?

    Los huevos son considerados por nutricionistas y científicos como un alimento esencial en una dieta equilibrada por varias razones:

    Beneficios nutricionales

    • Alta calidad proteica: contienen todos los aminoácidos esenciales que el cuerpo necesita.

    • Vitaminas y minerales: son fuente de vitaminas del grupo B (incluida B12), vitamina D, A y minerales como selenio, fósforo y hierro.

    • Colina: importante para el desarrollo cerebral y funciones neurológicas.

    • Antioxidantes: la luteína y zeaxantina ayudan a la salud visual y reducen el riesgo de degeneración macular relacionada con la edad.

    Evidencia científica

    Estudios han demostrado que el consumo de huevos puede:

    • Favorecer la saciedad y el control del peso, por su alto contenido proteico.

    • Contribuir a la salud cardiovascular cuando se consume dentro de una dieta equilibrada; además, el colesterol de la dieta tiene un impacto menor en los niveles de colesterol sanguíneo de lo que se pensaba tradicionalmente.

    • Apoyar el crecimiento y reparación muscular, clave para niños, adultos y personas activas.

    En muchos países los huevos constituyen una de las fuentes más económicas y accesibles de proteína completa, lo que los convierte en un alimento estratégico para la seguridad alimentaria.


    Comparación de precios del huevo en Argentina y otros países de la región (aproximado)

    País / Región Precio estimado por una docena de huevos (USD) Equivalente aproximado por maple (30)
    Argentina ~2.7 USD * según datos internacionales para 2025 ~6.8 USD (30 uds ~2.5× docena)
    Uruguay ~4.8 USD por docena, alto en la región ~12 USD por maple (30 uds)
    Chile ~3.8 USD por docena ~9.5 USD por maple
    México ~2.5 USD por docena (aprox.) ~6.3 USD por maple
    Colombia ~1.2 USD por docena * según índice local ~3 USD por maple
  • Estados Unidos actualiza su pirámide nutricional: qué cambia y cómo se compara con Argentina

    Estados Unidos actualiza su pirámide nutricional: qué cambia y cómo se compara con Argentina

    Estados Unidos presentó sus nuevas Guías Alimentarias 2025-2030, una reforma profunda de su pirámide nutricional que busca enfrentar la creciente crisis de obesidad y enfermedades crónicas. El médico especialista en nutrición Sebastián La Rosa analizó los cambios y destacó que, aunque el nuevo enfoque es positivo, la clave sigue siendo adaptar la alimentación a cada persona.

    ¿Por qué se actualizó la pirámide nutricional?

    Las autoridades sanitarias estadounidenses alertaron sobre una situación crítica:

    • Más del 70% de los adultos tiene sobrepeso u obesidad

    • 1 de cada 3 adolescentes presenta prediabetes

    • Más de la mitad de los adultos padece enfermedades crónicas relacionadas con la dieta

    Ante este escenario, las nuevas guías ponen el foco en alimentos reales, frescos y nutritivos, y en una fuerte reducción de los ultraprocesados.


    Cómo es la nueva pirámide nutricional de Estados Unidos

    La lógica de la pirámide se invierte respecto a modelos anteriores. Los principales cambios son:

    Principios centrales

    • Más vegetales en la base de la alimentación

    • Prioridad a pescados y mariscos

    • Menor consumo de carnes rojas

    • Incorporación moderada de:

      • Huevos

      • Alimentos fermentados

      • Frutas de bajo índice glucémico

    • Reducción drástica de productos ultraprocesados

    Reglas clave

    • Proteínas: entre 1,2 y 1,6 g por kilo de peso corporal diario

    • Frutas y verduras: 5 porciones diarias (3 de hortalizas y 2 de frutas)

    • Azúcar añadida: máximo 10 g por comida; eliminada en niños pequeños

    • Sodio: menos de 2.300 mg diarios

    • Grasas: limitar las saturadas y priorizar fuentes naturales

    • Alcohol: cuanto menos, mejor; evitar en embarazo y situaciones especiales

    También se recomienda priorizar cereales integrales y reducir harinas refinadas, con apertura a dietas bajas en carbohidratos en personas con enfermedades crónicas.


    La importancia de la personalización

    Según La Rosa, ninguna dieta es universal. Factores como la genética, el metabolismo, la edad, la actividad física y los déficits nutricionales hacen necesario adaptar la pirámide a cada persona. El objetivo no es solo “comer mejor”, sino vivir más y con mejor calidad de vida.


    Comparación con el sistema de alimentación vigente en Argentina

    En Argentina, la referencia oficial sigue siendo las Guías Alimentarias para la Población Argentina (GAPA), representadas por el Plato del Buen Comer.

    Similitudes

    • Promoción del consumo de frutas y verduras

    • Recomendación de reducir sal, azúcar y grasas

    • Importancia del agua como bebida principal

    • Enfoque en educación alimentaria para la salud pública

    Diferencias clave

    • Argentina mantiene un mayor peso de los cereales y harinas en la dieta diaria

    • El consumo de carnes rojas sigue teniendo un rol central en el modelo argentino

    • Las guías argentinas son menos explícitas en la reducción de ultraprocesados

    • No se establecen rangos claros de proteína según peso corporal

    • Menor énfasis en alimentos fermentados y microbiota intestinal

    Mientras que Estados Unidos avanza hacia un modelo más proteico, vegetal y personalizado, el sistema argentino continúa siendo más general y tradicional, con fuerte influencia cultural y menor adaptación individual.


    En síntesis

    La nueva pirámide nutricional de Estados Unidos representa un giro hacia una alimentación más basada en comida real, menos industrializada y más ajustada a la salud metabólica. En comparación, Argentina mantiene un enfoque más amplio y cultural, que podría beneficiarse de incorporar criterios más actuales sobre ultraprocesados, proteínas y personalización nutricional.

    Como concluye el especialista, la pirámide es un buen punto de partida, pero la mejor alimentación es la que se adapta a cada persona y a cada etapa de la vida.

  • “Baradero Suena: Crónicas del Rock Local”-Buffer.

    “Baradero Suena: Crónicas del Rock Local”-Buffer.

    RADIO LS2 BARADERO – 2025 -Una producción por Jazmín Abdala


    Hay momentos en los que el tiempo se detiene y el destino te obliga a elegir una identidad a punta de pistola. Imaginen la escena: Baradero, septiembre de 1997. Tres hermanos criados entre libros de poesía y guitarras de folklore sienten que el pecho les va a estallar. Tienen las canciones, tienen la rabia y tienen la urgencia, pero les falta lo que les da existencia legal en el mundo del ruido: un nombre. En el Centro Cultural, antes de dar sus primeros pasos, la mirada se clava en un bafle, en esa caja negra que escupe el sonido que los hace sentir vivos. Leen la palabra técnica: Bufer. Suena seco, suena fuerte. Deciden apropiárselo, pero con un sello de identidad local: le clavan una segunda “f” para que no quepa duda de que ese amortiguador es argentino, es de acá, es de ellos. Para cuando llega el segundo concierto, apenas unos días después, la apuesta sube a niveles demenciales: 3000 personas rugiendo en un escenario masivo. Allí, Buffer dejó de ser una palabra en un parlante para convertirse en una entidad física, una descarga de adrenalina que marcó a fuego el inicio de una de las historias más persistentes de nuestra República del Rock.

    Me encuentro con Papón Beyer para desandar estos casi treinta años de trayectoria. Hablar con él es entrar en una frecuencia de radio donde la pasión nunca satura, sino que modula con la sabiduría de quien ha visto pasar modas, crisis y primaveras. Buffer es, ante todo, una cuestión de sangre y hermandad: Papón Beyer en la voz, Franco Beyer en guitarra, y Pelcha Beyer en el bajo. A este núcleo se suman Fity Bruno en la batería y Matías Urrizola en guitarras y arreglos, acompañados ocasionalmente por Agustín Formica en teclados. Pero el ADN de esta banda no empezó en un ensayo, sino en una mesa familiar.

    —Venimos de una familia de artistas —me cuenta Papón con orgullo—. Mi vieja es escritora, mi viejo es folklorista. Siempre apostamos a la creación de cosas nuevas. Buffer nació de esa necesidad visceral de mostrar canciones, de decir que estamos acá, vivos, y de gritar fuerte que creemos en un cambio social conservando los valores: la honestidad, el amor y la pasión por lo que uno hace. Entendieron temprano que la única forma de sobrevivir a la chatura del mundo era creando algo nuevo.

    Esa necesidad de gritar se convirtió en un motor que nunca se detuvo. Desde aquel 21 de septiembre del 97, la banda ha vivido con un pie en las calles de su querido Baradero y el otro en la ruta. Para Buffer, el rock no es un hobby de fin de semana; es una forma de vida que exige una entrega total. Han recorrido provincias, ciudades y pueblos, entendiendo que la vigencia no se pide, se gana con kilómetros.

    —No hay una pócima exacta para mantenerse a flote —reflexiona Papón—. Se trata de tener claro el proyecto y aceptar nuevos desafíos. Eso es lo que te alimenta y te da nuevas formas de ver la vida. Estar todo el tiempo girando es lo que nos mantiene despiertos.

    Al sumergirme en su historia, siento la evolución de su sonido como quien ve crecer a un hermano. En los inicios, Buffer era ese punk rock barrial, crudo y directo, influenciado por los Ramones, Sex Pistols y 2 Minutos. Con el tiempo, esa “rabia” inicial no desapareció, pero se pulió. Hoy, la banda suena con una sofisticación que solo dan los años de estudio y escenario. Las canciones han ganado en frescura y potencia, pero sobre todo en profundidad lírica. Franco Beyer suele ser el encargado de traer la chispa inicial, las letras y el sonido base, que luego el grupo termina de “cocinar” colectivamente, poniendo cada uno su impronta antes de pasar por el tamiz del productor.

    Pero, ¿de qué hablan las canciones de Buffer cuando la distorsión se apaga? Hablan de nosotros. De lo que nos atraviesa como humanos: el amor a los vínculos, la familia, los amigos, pero también las frustraciones y los cambios culturales. Papón me dice algo que me queda resonando: “Nuestras canciones pueden ayudar como un libro de autoayuda”. Y tiene razón. En un mundo que a veces parece una pared infranqueable, Buffer propone correr las piedras a través del arte.

    Hay un tema que hoy funciona como su estandarte más personal: “Cuando pase la tormenta”. Grabado en la soledad y el miedo de junio de 2020, en plena pandemia, la canción se convirtió en un resumen emocional de lo que nos pasó a todos. Fue una catarsis grabada en tiempo real, un abrazo sónico para cuando el mundo se volvió un lugar extraño y peligroso. Es, quizás, el momento donde el significado de su nombre cobró más sentido que nunca: ser el buffer, el amortiguador del golpe de la realidad.

    Ser independiente en Argentina, y más aún cuando no se vive cien por ciento de la música, es un ejercicio de fe. El mayor desafío, según los Beyer, es la perseverancia. No parar de girar, no dejar de sacar videos, no abandonar el estudio de grabación. Es un movimiento perpetuo que cansa pero que, al mismo tiempo, sana.

    —El valor de la banda primero es para uno y después para el resto —dice Papón—. Hacer feliz a una persona o a tres mil está buenísimo, pero pasa por el valor interno que vos le des a lo que hacés. A veces parece que solo se valora al que llena estadios o tiene un sello gigante, pero el verdadero valor es lo que querés transmitir. Si al otro le llega y le sirve para salir adelante, la misión está cumplida.

    La charla nos lleva a los rituales. En medio del caos de las giras, donde a veces llegan sobre la hora para conectar los instrumentos y tocar, siempre intentan preservar un momento sagrado: el abrazo fraternal antes de subir al escenario. Es un gesto de gratitud a la vida por permitirles seguir haciendo lo que aman después de casi tres décadas. Papón, además, guarda su propia oración personal, un espacio de silencio antes de soltar la voz frente a la multitud.

    El 2026 los encuentra con la agenda cargada de nombres de ciudades: Concepción del Uruguay, Zárate, Capital Federal y ese cierre de año tradicional en Baradero, su puerto seguro. Están trabajando en cosas nuevas, con la mirada puesta más allá de las fronteras, siempre con la misma honestidad que tenían cuando miraron aquel bafle en el 97.

    Para los jóvenes que están armando su primera banda en un garage de Baradero, Papón deja un mensaje que es, en realidad, el secreto de la longevidad de Buffer: —Hagan las cosas por amor. Háganlo ustedes mismos, con empatía y dando lo mejor. Van a sentir la felicidad de hacer felices a otros. De eso se trata el arte. Así que, ¡adelante!

    Me despido de Papón con la sensación de que Buffer es mucho más que una banda de punk rock. Son los cronistas de nuestra propia superación. Son la prueba de que se puede crecer sin perder la frescura, de que se puede madurar sin traicionar la rabia, y de que, mientras haya un abrazo de hermanos antes de un show, la tormenta siempre terminará pasando. Subí el volumen, sentí la potencia de la doble “f” y recordá que, en esta República del Rock, Buffer es el paragolpes que nos cuida el corazón.


    Buffer: Radiografía de la Banda

    • Alineación: Papón Beyer: Voz.Fity Bruno: Batería. Matías Urrizola: Guitarras y arreglos.Pelcha Beyer: Bajo.Franco Beyer: Guitarra. (Acompaña ocasionalmente Agustín Formica en teclados).
    • Fecha de nacimiento: 21 de septiembre de 1997.

     

  • Incendio en Chubut: una señal urgente para cuidar nuestro ambiente

    Incendio en Chubut: una señal urgente para cuidar nuestro ambiente

     

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    El incendio que afecta a la zona de Puerto Patriada, El Hoyo y alrededores en Chubut ya quemó cerca de 12.000 hectáreas de bosque nativo y vegetación, amenazando viviendas, escuelas, infraestructura esencial y ecosistemas de enorme valor ambiental. Aunque la llegada de lluvias trajo un alivio momentáneo, el fuego continúa activo y el riesgo sigue siendo alto.

    Las autoridades trabajan con brigadistas, aviones hidrantes y maquinaria para proteger a la población y evitar mayores daños, en un contexto agravado por una sequía extrema, la peor desde 1965. Parte de los focos se originaron por rayos y otros por acciones humanas irresponsables, lo que demuestra que el factor humano sigue siendo clave en la destrucción ambiental.

     

    ¿Por qué es tan grave para el ambiente?

    Se pierden bosques que tardan décadas en recuperarse.

    Se destruyen hábitats de fauna nativa.

    Se afecta la calidad del aire, el suelo y el agua.

    Se debilitan ecosistemas que ayudan a regular el clima.

    Las lluvias recientes ayudaron a enfriar el terreno y humedecer la vegetación, pero no resuelven el problema de fondo: la necesidad de una mayor conciencia ambiental, prevención, responsabilidad individual y políticas más firmes para proteger los bosques.

    Mensaje clave

    Lo que ocurre en Chubut no es solo una noticia: es un recordatorio. El cambio climático, la negligencia humana y la falta de cuidado ambiental tienen consecuencias reales y dolorosas. Cuidar el ambiente no es una opción: es una obligación ética con las comunidades, la naturaleza y el futuro.

    Prevenir incendios, respetar la naturaleza, apoyar a brigadistas y exigir políticas ambientales firmes es fundamental para evitar que tragedias como esta se repitan.

     

  • “Baradero Suena: Crónicas del Rock Local”-Tuerto Willy.

    “Baradero Suena: Crónicas del Rock Local”-Tuerto Willy.

    RADIO LS2 BARADERO – 2025 -Una producción por Jazmín Abdala


    Hay historias que comienzan con un estruendo y otras que se gestan en el silencio de una mirada incompleta. En la mitología de los barrios, los gatos no son solo mascotas; son guardianes de secretos, equilibristas de techos de chapa que conocen cada grieta del mapa urbano. Willy era uno de esos. Un gato de batalla, un guerrero callejero que un día perdió un ojo pero ganó una leyenda. Cuando los integrantes de esta banda buscaron un nombre, no fueron a los diccionarios de música ni a las frases hechas del rock; miraron a Willy. En esa mirada tuerta encontraron una metáfora perfecta: la de ver el mundo de una forma distinta, la de enfocarse en lo esencial cuando el resto se distrae con el decorado. Así nació El Tuerto Willy, un proyecto que, desde 2017, funciona como un faro de nostalgia y energía en las noches de Baradero. Un nombre que suena a taberna, a puerto y a aventura, pero que en el fondo es un homenaje a la lealtad de lo pequeño, a ese gato que les enseñó que se puede andar por la vida con una cicatriz y aun así no perder el equilibrio.

    La formación de la banda tiene ese aroma a reencuentro que solo se da en las ciudades donde todos nos conocemos las caras pero no siempre las intenciones. Pablo, Seba, Juli y Dani no son unos recién llegados. Son sobrevivientes de otras trincheras, músicos que ya habían gastado suelas en proyectos paralelos. Pablo y Seba venían golpeando parches y cuerdas en una formación; Juli y Dani hacían lo propio en otra. Pero el rock, como la vida, es un juego de sillas que nunca deja de girar. Cuando la banda de Juli y Dani se quedó sin baterista —ese drama eterno del rock independiente—, el destino hizo lo suyo. No hubo necesidad de audiciones frías ni de avisos en redes. Hubo una charla, una mirada tuerta al futuro y la decisión de unir fuerzas.

    —Ahí decidimos unirnos para formar El Tuerto Willy —recuerdan con la sencillez de quienes saben que las mejores cosas no se planean, se reconocen—. Veníamos de tocar mucho, de conocer el paño, y de repente todo encajó.

    Pero El Tuerto Willy no se conformó con ser una banda más de covers. Decidieron meterse en un terreno pantanoso y fascinante: la apropiación cultural a través del idioma. Todos los que crecimos en los 90 fuimos colonizados sentimentalmente por el punk de California, por la rabia de Berkeley y el pop-punk que inundaba las radios y los videos de MTV. Green Day, The Offspring, NOFX, Rancid… bandas que nos hablaban en un inglés que apenas entendíamos pero que sentíamos como propio. El Tuerto Willy tomó esas canciones, esos himnos de skate y rebeldía, y se planteó una pregunta audaz: ¿qué pasa si les ponemos nuestras palabras?

    —La idea surgió de una limitación real: hacíamos covers en inglés y la verdad es que no sabíamos cantar muy bien en ese idioma —confiesa Dani con una sonrisa honesta—. Entonces decidimos cantarlos en español. Pero versionar no es solo traducir; es un desafío enorme. Tenés que lograr que la adaptación no pierda el sentido original, que la métrica encaje y que la letra siga teniendo ese ‘punch’ que te hacía saltar cuando eras pibe.

    Ese proceso de traducción es, en realidad, un acto de soberanía artística. Al pasar el punk de los 90 por el filtro del castellano, El Tuerto Willy le quita el pasaporte extranjero y lo nacionaliza baraderense. Ya no es Billie Joe Armstrong cantando sobre la alienación en un suburbio de Estados Unidos; es una voz de acá, que ensaya a la vuelta de tu casa, cantándote sobre las mismas frustraciones y esperanzas pero en el idioma en que pedís el pan o discutís en la esquina. Es un puente generacional que conecta la adolescencia de los cuatro integrantes con el presente de una ciudad que siempre necesita una dosis de adrenalina.

    El sonido de la banda es una cápsula del tiempo que viaja a 180 pulsos por minuto. Es Pop-Punk con raíces profundas en la década del 90, esa mezcla de melodías pegadizas y guitarras distorsionadas que te inyectan ganas de romper la inercia. Si bien ellos dicen que su sonido no ha mutado radicalmente desde 2017, admiten que el roce constante y los años de ensayo han afilado la propuesta.

    —Se nota la mejoría con los años —dicen—. Le vamos poniendo nuestra propia impronta a cada canción. Ya no es solo tocar un tema de La Polla Records o de Descendents; es tocarlo a la manera del Tuerto.

    La dinámica de trabajo del grupo es tan orgánica como su formación. Al no tener que lidiar con la hoja en blanco de la composición propia, se concentran en la arquitectura del arreglo. Alguien llega con una idea grabada, una melodía que le quedó resonando, y en la sala se produce la magia del ensamble. Es un proceso de pulido constante, donde cada uno aporta su visión para que esa versión sea única. En ese laboratorio de nostalgia y ruido, nació su canción insignia: “Olimpia Wa”.

    —Ese tema nos identifica con nuestra adolescencia —explican con cierta emoción—. Es el punto exacto donde despertó nuestro interés por la música. Es el ADN de la banda resumido en unos pocos minutos de energía pura.

    Pero ser una banda independiente en la República del Rock en este 2026 no es solo subir el volumen y disfrutar. Hay una realidad cruda que El Tuerto Willy no esquiva. La charla se vuelve densa cuando tocamos el tema de la autogestión y el valor que la sociedad le da al músico under.

    —Para las bandas independientes, el arte no es valorado —sentencian sin anestesia—. Te das cuenta cuando vas a tocar a los lugares. Hubo veces que tuvimos que poner plata de nuestros propios bolsillos para pagar el sonido o incluso para pagar lo que consumimos en el lugar donde nos invitaron a tocar. Es una lucha desigual, donde el amor al arte es el único combustible que te mantiene andando cuando el sistema te da la espalda.

    A pesar de eso, el desafío de El Tuerto Willy sigue siendo el mismo desde el primer día: perdurar. Seguir estando. Pasar la tarde en la sala no por la promesa de un contrato discográfico, sino por el placer de la distorsión compartida. No tienen rituales extraños ni cábalas místicas antes de salir al escenario. Su único ritual es la amistad y la “buena onda” que buscan transmitir a quien esté del otro lado de los parlantes. Para ellos, el éxito no se mide en seguidores de redes sociales, sino en esa energía que se genera cuando el primer acorde explota y alguien en el público reconoce la melodía y la canta en su propio idioma.

    Para los próximos meses, la banda tiene planes claros: meterse a grabar algunos EPs para que esas versiones no se las lleve el viento y queden registradas como parte de la historia sonora de Baradero. Quieren dejar una huella, por pequeña que sea, en este gran mapa del rock local.

    Antes de despedirnos, les pido un mensaje para los que están empezando, para esos chicos que hoy están encerrados en una habitación tratando de sacar un solo de guitarra. La respuesta es un manifiesto de resistencia emocional.

    —Háganlo con pasión. No pierdan eso nunca. Si después viene algo más, bienvenido sea, pero la pasión es lo único que nadie te puede sacar. Si no hay pasión, la música es solo ruido.

    Me retiro del encuentro con la imagen del gato Willy en la cabeza. Esa mirada tuerta que no ve menos, sino que ve mejor. El Tuerto Willy es la banda que nos enseña que no importa si el camino es difícil o si hay que poner plata del bolsillo para tocar; mientras haya una canción que nos devuelva a la adolescencia y tres amigos con los que compartir el ruido, la República del Rock seguirá teniendo quien le cuide las espaldas. Subí el volumen, cantalo en español y recordá que, a veces, para ver la realidad con claridad, solo hace falta cerrar un ojo y abrir bien el corazón.


    El Tuerto Willy: Radiografía de la Banda

    • Alineación: Pablo (Batería), Seba (Bajo), Juli (Guitarra y voces) y Dani (Voces y guitarra).
    • Fecha de nacimiento: 2017

     

  • La Unión Europea aprobó el acuerdo comercial con el Mercosur tras 25 años de negociaciones

    La Unión Europea aprobó el acuerdo comercial con el Mercosur tras 25 años de negociaciones


    Después de más de dos décadas de negociaciones, los países de la Unión Europea aprobaron el acuerdo de libre comercio con el Mercosur, el bloque integrado por Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay. La decisión se tomó en una reunión de embajadores en Bruselas, donde la mayoría de los 27 países miembros votó a favor, a pesar de la oposición de naciones como Francia, Irlanda y Polonia.

    Este acuerdo busca crear la mayor zona de libre comercio del mundo, con más de 700 millones de consumidores, y eliminar los aranceles (impuestos a las importaciones) en más del 90% del comercio entre ambos bloques. En términos simples, significa que muchos productos podrán venderse entre Europa y Sudamérica con menos trabas y a menor costo.

    La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, firmará el acuerdo en Paraguay, aunque todavía no entrará en vigencia de inmediato. Para eso, falta la aprobación del Parlamento Europeo, donde existe resistencia y un grupo de eurodiputados incluso amenaza con recurrir a la Justicia para frenar su aplicación.

    Uno de los principales puntos de conflicto es el impacto en el sector agropecuario europeo. Muchos agricultores temen que el ingreso de productos sudamericanos —como carne, arroz, soja, miel o etanol— afecte sus ingresos, ya que consideran que en el Mercosur se producen con normas ambientales y sanitarias menos exigentes. A cambio, Europa exportaría al Mercosur autos, maquinaria, vinos, quesos y otros productos industriales.

    Para reducir esas preocupaciones, la Comisión Europea incluyó cláusulas de protección: límites a la cantidad de productos agrícolas que pueden ingresar sin aranceles, controles de precios para evitar competencia desleal y reglas más estrictas sobre residuos de pesticidas. Incluso se prevé intervenir si las importaciones crecen demasiado rápido o si los precios son significativamente más bajos que en Europa.

    Mientras países como Francia mantienen fuertes protestas de agricultores, otros como España, Alemania e Italia destacan los beneficios del acuerdo, señalando que permitirá a Europa diversificar sus mercados frente a la competencia de China y las políticas comerciales de Estados Unidos.

  • “Baradero Suena: Crónicas del Rock Local”-Brutal Intensa.

    “Baradero Suena: Crónicas del Rock Local”-Brutal Intensa.

    RADIO LS2 BARADERO – 2025 -Una producción por Jazmín Abdala


    Hay una fractura que no se ve en las radiografías, pero que duele más que cualquier hueso roto: la fractura de un proyecto artístico. Cuando una banda se separa, no solo se dejan de tocar canciones; se rompe un ecosistema de sueños, se desarma una familia elegida y queda en el aire ese sabor amargo de lo inconcluso, de lo que pudo ser y no fue. Es un naufragio silencioso que ocurre entre cuatro paredes y que suele dejar a los músicos varados en una isla de incertidumbre. En 2013, un grupo de amigos en Baradero vivió ese quiebre. El proyecto que los unía se partió en tres pedazos, tres bandas que salieron a buscar su propio destino. Pero en medio de ese caos, hubo un núcleo que no pudo aceptar el silencio. Había un fuego que no se había apagado, una urgencia que seguía latiendo en las venas y que les recordaba, cada noche, que la música no era una opción, sino una necesidad biológica. De ese resto de naufragio, de esas ganas desesperadas de volver a sentir el golpe de la batería en el pecho, nació Brutal Intensa. Un nombre que no es solo una marca, sino una confesión: porque volver a empezar en un país que siempre te pone el viento en contra es una tarea brutal, y hacerlo con el alma expuesta es, sencillamente, intenso.

    Me encuentro con los protagonistas de esta reconstrucción en su búnker creativo. Allí están Lucho Cortés, Gonzalo Maestre, Garfield D’elia, Flavio Marquez, Lucas Martínez y Victor Zabala. Al verlos juntos, uno no ve a seis músicos ensayando; ve a una unidad de resistencia. La historia de cómo volvieron a encontrarse tiene ese tinte de destino que solo el rock y el reggae pueden escribir.

    —Cuando la primera banda se rompe, nos quedó una angustia muy grande —recuerda Lucho mientras el humo de la tarde se cuela por la ventana—. Pero el universo tiene sus formas. Me mudé cerca de la casa de Víctor, nuestro baterista. Una tarde nos reunimos y, sin muchas vueltas, nos miramos y lo supimos: era hora de volver. Nada tenía sentido si no hacíamos lo que más feliz nos hace. Lo que la música te deja en la sangre es una droga que no podés soltar.

    Esa reunión fue el Big Bang de lo que primero conocimos como Sabeajamaica en 2016 y que hoy, después de mil batallas y una evolución sonora necesaria, se ha consolidado como Brutal Intensa. La transición del nombre no fue cosmética; fue el reflejo de una madurez combativa. Decidieron que no querían hacer un reggae de postal, de ese que solo habla de palmeras y relajo. Querían un reggae que oliera a Baradero, a la industria, a la lucha del obrero que sale de la fábrica y se cuelga el bajo para decir lo que piensa.

    —La idea del nombre viene de comparar la música con la realidad —explican—. La vida muchas veces es brutal e intensa. Te golpea, te sacude, pero también te apasiona. Nosotros le cantamos a todo lo que se mueva. Queremos generar un movimiento, decir lo que muchos callan por miedo o comodidad, pero sin perder nunca el mensaje de amor y unión. Hacemos música a conciencia porque sabemos que estamos hechos de lo que escuchamos.

    En sus letras, la geografía de nuestra ciudad deja de ser un mapa para convertirse en un sentimiento. En su canción “Sol”, Baradero respira. Se pueden sentir las barrancas, ese límite natural donde la tierra se rinde ante el río; se puede escuchar el motor de los autos en la ruta 41 desembocando en la rotonda. Es la “ciudad del encuentro” vista desde los ojos de los que la caminan cuando las luces led del centro se apagan. Es un sonido del pueblo, callejero y fuerte, que se mantiene vivo reclamando su espacio.

    —Nosotros no hacemos rock, hacemos reggae —aclara Lucho con orgullo—. Pero el espíritu es el mismo: la resistencia. El sistema nunca para de intentar domesticarte, de decirte qué consumir y cómo pensar. ¿Por qué vamos a parar nosotros? La llama se mantiene viva avivándola todos los días, no dejando que la rutina te gane la partida.

    La cocina de Brutal Intensa es un proceso democrático y horizontal. Aquí no hay dueños ni directores de orquesta. Las canciones suelen nacer de la improvisación pura, de ese momento en que el bajo de Garfield empieza a caminar y la batería de Víctor marca el pulso. Como en una buena comida familiar, cada uno aporta un condimento: Flavio le da el ambiente con los teclados, Gonzalo la electricidad con la guitarra, Lucas la profundidad con la percusión y Lucho pone las palabras que terminan de darle sabor al plato.

    —Las canciones nacen y a veces no sabemos ni de dónde vienen —dicen entre risas—. Cada uno tiene música dando vueltas en la cabeza y cuando nos juntamos, explota. Se pulen con el correr de los ensayos, con el roce de los instrumentos, hasta que encuentran su forma final.

    Hablamos sobre el desafío de la independencia en este 2026 que nos encuentra a todos un poco más cansados. Ser una banda autogestionada en el interior de la provincia es, en sus propias palabras, “remar en dulce de leche”. No hay managers con maletines ni discográficas esperando en la puerta. Hay fletes pagados entre todos, cables soldados un domingo a la tarde y el esfuerzo de sostener un proyecto en un país que, a veces, parece diseñado para que los artistas bajen los brazos.

    —El mayor desafío es entender que no hay una meta final —reflexionan—. Hacemos música porque para eso nacimos, como otros hacen deportes o ingeniería. Nuestro próximo paso es sobrevivir musicalmente. Vivimos en un contexto donde no te quieren ver dando pelea, pero justamente eso es lo que nos distingue. Escuchar temas como “Liberación” es entender de qué estamos hechos. Es una canción especial, que toma fuerza según el estado de ánimo de quien la escucha.

    Para Brutal Intensa, el éxito ha sido redefinido. Ya no tiene que ver con la fama, sino con la permanencia y el vínculo humano. Su ritual más sagrado no ocurre bajo las luces del escenario, sino horas antes: llegar temprano a la sala, compartir un mate o una cerveza, y darse ese abrazo de hermanos que sella el pacto de seguir adelante. Son conscientes de que cada vez que se suben a tocar es un milagro de la voluntad, y lo celebran como tal.

    —Buscamos transmitir que no es una opción darse por perdido —sentencia Lucho antes de cerrar la entrevista—. Hay que lucharla desde el lado que te toca. La música es valorada por la gente común, por los que laburan, porque a veces es la única compañía que tenemos en la soledad.

    Me voy del ensayo con el eco del reggae combativo todavía golpeando en mis sienes. Brutal Intensa es la prueba viviente de que las fracturas pueden sanar si hay suficiente amor y distorsión de por medio. Son los obreros del ritmo que decidieron que el silencio no era una opción y que Baradero merecía un sonido que fuera, a la vez, un refugio y un grito de guerra.

    Subí el volumen y dejate atravesar por esta mística callejera. Porque mientras haya alguien dispuesto a enchufar un instrumento y dar pelea, esta República seguirá vibrando. Y acordate del consejo que nos dejan estos guerreros: hacé, creá, animate. Porque el que te critica es, casi siempre, el que no tuvo el coraje de intentar su propio truco. La música nos salva, y Brutal Intensa está acá para recordárnoslo nota a nota.


    Brutal Intensa: Radiografía de la Banda

    • Alineación: Lucho Cortés (Voz), Gonzalo Maestre (Guitarra), Garfield D’elia (Bajo y voz), Flavio Marquez (Teclados), Lucas Martínez (Percusión) y Victor Zabala (Batería y voz).
    • Fecha de nacimiento: 2016 (Como Sabeajamaica).

     

  • “Baradero Suena: Crónicas del Rock Local”-Al7er.

    “Baradero Suena: Crónicas del Rock Local”-Al7er.


    RADIO LS2 BARADERO – 2025 -Una producción por Jazmín Abdala


    Hay lugares que tienen un magnetismo invisible, espacios donde el aire parece vibrar en una frecuencia distinta, cargado de una electricidad que no se ve pero se siente en la nuca. En Baradero, ese lugar tiene nombre de río y de música: Delta Music Group. No es solo un estudio de grabación; es un laboratorio de transmutaciones. Imaginen la escena: finales de 2019, el olor a madera nueva de los paneles acústicos, el brillo metálico de los micrófonos esperando ser encendidos y, en medio de ese silencio expectante, cuatro personas que están a punto de cambiar su historia personal para siempre. Allí, entre cables y consolas, el plomo de las experiencias pasadas empezó a cocinarse a fuego lento para transformarse en algo nuevo, algo que no aceptaba etiquetas fáciles ni fórmulas repetidas. Ese algo se escribe con mayúsculas y lleva un número que rompe la simetría: AL7ER. No es solo una banda; es el resultado de una alquimia emocional que entiende que el rock no es un género que se elige, sino un lenguaje que se hereda, se pule y, finalmente, se grita.

    La historia de AL7ER no comienza con un aviso clasificado buscando músicos, sino en la sangre. Leonardo “Leo” Sassone y Luciano “Luchi” Acuña son primos, pero en el mundo de la música, esa palabra se queda corta. Son socios de silencio y de ruido casi desde que tienen memoria. Han compartido proyectos, fracasos y pequeños triunfos desde que las guitarras les quedaban grandes. A esa célula inicial se sumó Mauro Bahuón en 2009, aportando la tercera arista a un triángulo que ya sabía lo que era resistir el paso del tiempo. Sin embargo, en 2017, tras el cierre de una etapa anterior, sintieron que el aire se estaba estancando. Necesitaban una “nueva cara”, una identidad que no solo sonara diferente, sino que fuera la opción alternativa a todo lo que ya habían hecho. Pero a toda reacción química le falta un componente para volverse explosiva.

    El destino, que suele ser el mejor guionista del rock, los cruzó con Aldo Parellón en un festival. Aldo, un baterista y productor llegado desde Tucumán con el ritmo en las manos y la visión de quien sabe construir mundos desde el sonido, fue el catalizador. Leo, Luchi y Mauro no anduvieron con vueltas: lo abordaron con la urgencia de quienes han encontrado la pieza que faltaba en el rompecabezas. “Tenemos estas canciones, tenemos este proyecto y queremos que vos seas el motor”. Aldo, que en principio iba a ser un sesionista, un colaborador externo, terminó siendo absorbido por la mística del grupo. Así, apenas unas semanas antes de que el estudio Delta inaugurara oficialmente, los AL7ER ya estaban ocupando las salas, marcando el territorio con “Paranoico”, su primer rugido grabado. Aquel fue el punto de quiebre: el momento en que dejaron de ser un proyecto para convertirse en una identidad estilizada, donde la “T” se transformó en un “7”, simbolizando una unión que iba más allá de lo musical.

    —El nombre viene de lo “alternativo”, pero en su significado más puro —me explican mientras nos sumergimos en la filosofía de la banda—. No hablamos de un estante en una disquería, sino de ser algo diferente a la norma, algo que se sale de lo establecido. AL7ER es una receta que solo funciona con estos cuatro ingredientes. Es una alquimia que no respeta fórmulas externas, solo la nuestra.

    Escuchar a AL7ER es asistir a un proceso de construcción y deconstrucción constante. Leo es el encargado de traer la semilla: una letra escrita en una noche de insomnio, una melodía que le silba el viento de Baradero, una idea que pide ser canción. Pero cuando esa semilla cae en la sala de ensayo, la metamorfosis es total. Lo que entra como una balada acústica y vulnerable puede salir convertido en un Hard Rock pesado, filoso y vibrante. Es un juego de “vestir” la canción, de probarle ropajes de diferentes sonoridades hasta que, de repente, sucede lo inexplicable: suena a AL7ER.

    —Ni nosotros mismos lo entendemos del todo —confiesa Leo con una sonrisa que mezcla el asombro y la complicidad—. Pero disfrutamos ese proceso como si fuéramos chicos. Esa actitud de aprender y jugar es lo que nos mantiene vivos. Si dejás de jugar, la música se vuelve un trámite, y nosotros no estamos acá para hacer trámites.

    Esa honestidad brutal es la que buscan transmitir en sus letras. No hay en AL7ER una épica falsa de estadios y luces led; hay una catarsis que nace de la herida. Sus canciones hablan de estar roto, del desamor, de la lucha diaria por superarse a uno mismo. Es un rock que no te miente: te dice que la vida duele, pero que poner el cuerpo sobre el escenario es la mejor forma de que ese dolor se convierta en algo hermoso. Es una descarga colectiva donde el público no es un espectador pasivo, sino un cómplice que también necesita gritar sus propias verdades. Se inspiran en la prolijidad técnica de Toto, en la grandilocuencia emocional de Muse o Coldplay, y en la energía cruda de Foo Fighters, pero todo eso se tamiza por el filtro de la vivencia local. Baradero, con sus paisajes de río y su ritmo de ciudad de provincia, le da un color especial a su sonido: un tono honesto, real y, sobre todo, soberano.

    Pero AL7ER no es solo sentimiento; es una maquinaria de trabajo que hoy, en pleno amanecer del 2026, está operando a máxima potencia. Tienen objetivos que para muchos sonarían ambiciosos, pero para ellos son simplemente el siguiente paso lógico. Se han propuesto lanzar una canción por mes, cubriendo digitalmente cada rincón de la red. Tienen la mirada puesta en el pasillo de la Ruta 9, uniendo Rosario con Capital Federal, llevando su sonido a templos del rock como Carnal en Palermo y cerrando jornadas en los estudios de televisión nacionales. El 31 de enero de 2026 ya está marcado en rojo en su calendario: ese día, entrarán al legendario estudio Romaphonic para una Live Session que promete capturar la esencia de la banda en su estado más puro. Y si el horizonte se ve despejado, planean cerrar el año con una gira por países limítrofes. Es la mentalidad de quien sabe que la autogestión no es solo peguntar carteles, sino profesionalizar cada detalle de la pasión.

    —El rock en Argentina es pasional, tenemos el mejor pogo del mundo, eso no se discute —reflexionan—. El desafío es lo económico, el valor que se le da al artista independiente. Por eso hay que ser autosustentables, saber qué conocimientos incorporar y cuándo buscar ayuda externa.

    Al final de la charla, les pido un consejo para los que están del otro lado, para esos pibes que hoy están en su habitación sacando sus primeros acordes y sintiendo que el mundo de la música es una montaña inalcanzable. La respuesta de AL7ER es un golpe de realidad y de aliento al mismo tiempo.

    —Estudien horas y horas. Anímense a sacar su música, pero tengan claro por qué y para qué lo hacen. La frustración va a estar ahí, es parte del juego, pero con o sin ganas, hay que hacer igual. Nunca te vas a arrepentir de haber estudiado o de haber compuesto, pero sí te vas a recriminar el tiempo perdido mirando una pantalla sin sentido. La música es acción constante.

    Me retiro de Delta Music Group con el sonido de “Paranoico” vibrando en mis oídos y la sensación de haber hablado con gente que entiende el tiempo de una manera diferente. AL7ER no espera el futuro: lo construye nota a nota, ensayo tras ensayo. En una ciudad que a veces parece dormir la siesta, ellos son el despertador de distorsión y verdad. Son la prueba de que, incluso cuando estamos rotos, podemos ser la alternativa a nuestro propio destino.

    Subí el volumen y dejate llevar por la alquimia de estos cuatro obreros de la melodía. La República del Rock hoy tiene un nuevo estándar de honestidad, y se escribe con un 7 en el medio del corazón.


    AL7ER: Radiografía de la Banda:

    • Alineación: Leonardo “Leo” Sassone: Voz y Guitarra.  Luciano “Luchi” Acuña: Bajo. Mauro Bahuón: Guitarra. Aldo Parellón: Batería.
    • Fecha de nacimiento: 2017 (Gestación) / 2019 (Consolidación final).